La ciudad de Guantánamo, capital de la provincia cubana de igual nombre, está ubicada en el extremo más oriental de la isla de Cuba, lo que la separa a más de 900 Km de La Habana. Situada al suroeste de la provincia y al sur del municipio Guantánamo, se asienta en el valle que conforman los ríos Guaso, Bano y Guantánamo y las montañas de las Mesetas del Guaso, Sierra del Maquey y Sierra Canasta.
Guantánamo, cuyo nombre aborigen fue Guatanavó (de la acepción aruaca “río de la tierra”), tuvo sus orígenes a mediados del siglo XVII como hacienda Santa Catalina, hacia la cual tributaba parte de las tierras de Sagua y Baracoa, lo que determinó en sus inicios una enorme extensión que posteriormente fue fragmentándose en hatos y corrales.
La hacienda Santa Catalina durante el siglo XVII, XVIII y la primera mitad del siglo XIX -cuando pasó a manos de una sociedad de franceses- desde el punto de vista socioeconómico, fue cobrando en importancia y personalidad, a través del fomento de sus pobladores con la inmigración francesa, catalana y los criollos; la colonización de la tierra, el cultivo del algodón, la caña de azúcar y el tabaco.
La apertura al comercio impone la habilitación de las vías o caminos por parte de la colonia, siendo el Camino de la Isla, una ruta que cruzaba por Baracoa, primera villa fundada en cuba por los españoles, un buen tramo pegado a la costa hasta Santa Catalina – con pasos en los ríos Bano y Guaso, al norte de su confluencia-, hasta llegar a La Habana, además, de los caminos regionales y locales mediante los cuales comerciaba la cabecera de la hacienda Catalina con los distintos lugares.
A mediados del siglo XIX, más al sur de esta confluencia, en la margen oeste del río Guaso, hasta donde era navegable, en un lugar conocido como El Saltadero, tiene su génesis la aldea, que tenía como objetivo primario ser punto de acogida para los productos provenientes de las lomas para su exportación por el embarcadero de Cerro Guayabo, ubicado en la Bahía de Guantánamo, donde comenzaron a atracar barcos de cabotaje, lo que alivió los costos de transporte, así como el tiempo de recorrido hasta Santiago de Cuba.
A partir de la iniciativa privada, entre 1827 y 1829 se inicia el poblamiento del sitio, siendo la Plaza Isabel II, en honor de la reina católica, la primera Plaza de Armas que tuvo el poblado, también llamada ”De la Constitución”. Esta plaza se instaura como corazón del comercio y donde inmigrantes franceses, criollos y catalanes habían construido sus establecimientos comerciales.
Con el crecimiento espontáneo hacia el oeste y el norte, por el umbral que representaban el río Guaso y el arroyo Rafat para ello, la iglesia se traslada más al norte para el espacio donde se insertan lo que son en la actualidad el Parque José Martí y la Iglesia Santa Catalina de Ricci.
El primer plano que da fe de los intentos iniciales de ordenamiento urbano, fue atribuido su diseño al geómetra catalán Jorge Sanz en 1842, el mismo responde a los códigos establecidos por las Leyes de Indias en 1573 por Felipe II y las Ordenanzas para la Villa de La Habana y demás villas y lugares de la Isla de Cuba de 1861, las que a partir de 1894 se hicieron extensivas en todo el país.
Estas Ordenanzas en su Capítulo III, instituyen la obligatoriedad de la retícula ortogonal en manzanas de 80 a 100 metros, orientadas de ser posible al NE por la incidencia de la luz solar, manzanas libres para espacios públicos, plazas, iglesias, mercados y parques, así como, el uso del jardín y portal al frente de las edificaciones con arbolado público en las calles de primer y segundo orden. En el caso del incipiente pueblo, la retícula se orientó de Norte a Sur y de Este a Oeste.
Las muestras arquitectónicas en el siglo XIX en la naciente villa se distinguen por construcciones medianeras de puntal más bien bajo, simétricas, los materiales empleados que iban desde el palo rollizo, el cuje y embarrado hasta la mampostería; los techos de zinc galvanizado francés, tejas de barro criollas y francesas. Las calles tenían como límites naturales al río Guaso al este, el arroyo Rafat al sur y vegetación abundante para la zona norte.
En la calle Real, nombre dado en época de la colonia a Los Maceo, de conjunto con las casas de familia se distinguen la Plaza Isabel II, los almacenes de comercio mayorista y ventas “al por menor”, sostenidas por establecimientos de ropas, fondas y pequeños talleres lo que, según Samuel Hazard, con el establecimiento del ferrocarril en 1856 hasta Cerro Guayabo se incrementó y acentuó el carácter mercantil de la calle y la importancia la ciudad, y se convirtió en un depósito permanente para el café y el azúcar del distrito, constituyendo un enorme, con relación a la pequeñez del lugar.
La céntrica calle Los Maceo, de conjunto con su vecina Calixto García, se trunca a partir de la ubicación del patio de maniobras de la Estación de pasaje del ferrocarril en 1956; la iniciativa de los que fueron definiendo la ampliación del asentamiento, de dar continuidad a la retícula, permite su extensión hacia el norte desde calle 2 Norte hasta calle 13 Norte, aunque este último sector no presenta los valores del tramo original.
Las edificaciones responden a una férrea disciplina desde 1858 en cuanto a desarrollar portales en los ejes norte – sur de las calles de la ciudad. Disciplina institucionalizada en las primeras ordenanzas para comercios específicamente, Según el estudioso Rafael Polanco, “el Teniente Gobernador Bernardo Villami obligó a construir portales en las edificaciones ubicadas en las calles que iban de norte a sur”, pero que se generalizó a todas las tipologías constructivas, con raras excepciones.
En Octubre de 1870, a 359 años de diferencia con respecto a Baracoa, ciudad primada de Cuba, y a 263 años de La Habana, el Regente del reino accedió otorgar el título de Villa al pueblo, con escudo diseñado de forma ovalada con matas de caña, café y tabaco, además de una colmena, abejas y el río Guantánamo grabados en el fondo, no fue hasta el primero de diciembre de 1870 que se declara la ciudad como Villa, próximo a cumplirse 138 años.
A inicios del siglo XX, la Bahía de Guantánamo fue tomada como base naval de EE.UU, proporcionando esto gran cantidad de empleo, lo que se reflejó en la inmigración desde otras zonas de Cuba hacia Guantánamo, trayendo consigo un importante desarrollo poblacional, comercial y urbano, de lo que da fe la instalación de un moderno alumbrado público en 1905; cuestiones que hicieron necesario traspasar las barreras físicas que constituían el río Guaso y el arroyo Rafat.
Para los primeros 10 años del siglo XX se completaron lotes vacíos en el centro “donde se ubicó una nueva expresión de arquitectura que tomó del neoclasicismo, adecuándose al eclecticismo entrante, con materiales y tecnologías baratos, y con el uso del latón en los elementos decorativos”, asegura Gaspar Atarés Faure.
Entre 1913 y 1930 se registra un importante desarrollo constructivo en el área centro, sin cambios en la imagen heredada, manteniéndose patrones como altura, proporciones y ritmo, perdidos con la introducción del racionalismo en el Centro Histórico, y a partir de 1931, por falta de espacio fundamentalmente, se redujo ostensiblemente la posibilidad de hacerlo. Posteriormente se utilizó la variante más lastimosa sobre el patrimonio existente, pues con la demolición y vuelta a construir, propició la consabida pérdida de valiosos ejemplares de la Colonia o de los primeros años de la “República”.
Según la “Memoria de las obras realizadas por la Comisión de Fomento Nacional durante el gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín”, editadas en 1946, se implementó un programa de desarrollo en la infraestructura técnica; contando para el año 1948 con una nueva red de acueductos, alcantarillado y la pavimentación de 360 cuadras, así como el drenaje; elemento que mejoró las condiciones de vida y transitabilidad en el ámbito urbano, permitiendo además, que Guantánamo fuera para esta fecha una de las ciudades más modernas de Cuba.
Entre 1950 y 1960 se realizaron algunos proyectos aislados en el centro urbano, que respondían a intereses privados, para el uso público y sin normas que sustentaran una organización urbana racional, en el caso específico de Los Maceo se construyeron: en 1953 el Arq. Alberto Ramírez proyecta una nave de almacén con vivienda en segunda planta, donde en la actualidad radican las oficinas de Planificación Económica y CUBATABACO; una nave comercial, proyectada por el Arq. Ing. José Leticio Salcines en 1959 lo que es ahora el TELEPUNTO de ETECSA; una nave comercial proyectada por el Arq. Miguel Alcolado en 1958, actual sede del Sindicato Provincial, el Arq. Malaquías Pérez proyectó para 1956 el servicentro La Perla, actualmente el modernizado Oro Negro y para 1960, proyecta una nave comercial, actual Atelier; el también Arq. Joaquín Sebares en 1959, proyecta un edificio para Banco y viviendas en el segundo nivel. Es obvio que en la calle para esos tiempos sigue primando el destino comercial.
Entre 1990 y 1994 el proceso de mantenimiento y ejecución de calles e instalaciones se paralizó, debido fundamentalmente a fuertes limitaciones económicas de carácter nacional, además, de que se apeló por parte de la población y entidades estatales a la construcción con esquemas “modernos” tomados del gusto personal, implementaciones que trajeron consigo mediocridad en la imagen y el deterioro paulatino de la capa de rodamiento de la calle y de las instalaciones aledañas. Este proceso económico también afecta la actividad comercial y algunos establecimientos cambian sus funciones para viviendas y empresas o cierran por el estado de sus estructuras, afectándose el diseño original y funcionalidad.
En estos primeros años del siglo XXI, se desarrolla un fuerte movimiento del Desarrollo local promovido por el gobierno cubano, que propicia la rehabilitación de numerosas instalaciones del centro de la Ciudad de Guantánamo, en las que hoy se trabaja.
La ciudad de Guantánamo, capital de la provincia cubana de igual nombre, está ubicada en el extremo más oriental de la isla de Cuba, lo que la separa a más de 900 Km de La Habana. Situada al suroeste de la provincia y al sur del municipio Guantánamo, se asienta en el valle que conforman los ríos Guaso, Bano y Guantánamo y las montañas de las Mesetas del Guaso, Sierra del Maquey y Sierra Canasta.
Guantánamo, cuyo nombre aborigen fue Guatanavó (de la acepción aruaca “río de la tierra”), tuvo sus orígenes a mediados del siglo XVII como hacienda Santa Catalina, hacia la cual tributaba parte de las tierras de Sagua y Baracoa, lo que determinó en sus inicios una enorme extensión que posteriormente fue fragmentándose en hatos y corrales.
La hacienda Santa Catalina durante el siglo XVII, XVIII y la primera mitad del siglo XIX -cuando pasó a manos de una sociedad de franceses- desde el punto de vista socioeconómico, fue cobrando en importancia y personalidad, a través del fomento de sus pobladores con la inmigración francesa, catalana y los criollos; la colonización de la tierra, el cultivo del algodón, la caña de azúcar y el tabaco.
La apertura al comercio impone la habilitación de las vías o caminos por parte de la colonia, siendo el Camino de la Isla, una ruta que cruzaba por Baracoa, primera villa fundada en cuba por los españoles, un buen tramo pegado a la costa hasta Santa Catalina – con pasos en los ríos Bano y Guaso, al norte de su confluencia-, hasta llegar a La Habana, además, de los caminos regionales y locales mediante los cuales comerciaba la cabecera de la hacienda Catalina con los distintos lugares.
A mediados del siglo XIX, más al sur de esta confluencia, en la margen oeste del río Guaso, hasta donde era navegable, en un lugar conocido como El Saltadero, tiene su génesis la aldea, que tenía como objetivo primario ser punto de acogida para los productos provenientes de las lomas para su exportación por el embarcadero de Cerro Guayabo, ubicado en la Bahía de Guantánamo, donde comenzaron a atracar barcos de cabotaje, lo que alivió los costos de transporte, así como el tiempo de recorrido hasta Santiago de Cuba.
A partir de la iniciativa privada, entre 1827 y 1829 se inicia el poblamiento del sitio, siendo la Plaza Isabel II, en honor de la reina católica, la primera Plaza de Armas que tuvo el poblado, también llamada ”De la Constitución”. Esta plaza se instaura como corazón del comercio y donde inmigrantes franceses, criollos y catalanes habían construido sus establecimientos comerciales.
Con el crecimiento espontáneo hacia el oeste y el norte, por el umbral que representaban el río Guaso y el arroyo Rafat para ello, la iglesia se traslada más al norte para el espacio donde se insertan lo que son en la actualidad el Parque José Martí y la Iglesia Santa Catalina de Ricci.
El primer plano que da fe de los intentos iniciales de ordenamiento urbano, fue atribuido su diseño al geómetra catalán Jorge Sanz en 1842, el mismo responde a los códigos establecidos por las Leyes de Indias en 1573 por Felipe II y las Ordenanzas para la Villa de La Habana y demás villas y lugares de la Isla de Cuba de 1861, las que a partir de 1894 se hicieron extensivas en todo el país.
Estas Ordenanzas en su Capítulo III, instituyen la obligatoriedad de la retícula ortogonal en manzanas de 80 a 100 metros, orientadas de ser posible al NE por la incidencia de la luz solar, manzanas libres para espacios públicos, plazas, iglesias, mercados y parques, así como, el uso del jardín y portal al frente de las edificaciones con arbolado público en las calles de primer y segundo orden. En el caso del incipiente pueblo, la retícula se orientó de Norte a Sur y de Este a Oeste.
Las muestras arquitectónicas en el siglo XIX en la naciente villa se distinguen por construcciones medianeras de puntal más bien bajo, simétricas, los materiales empleados que iban desde el palo rollizo, el cuje y embarrado hasta la mampostería; los techos de zinc galvanizado francés, tejas de barro criollas y francesas. Las calles tenían como límites naturales al río Guaso al este, el arroyo Rafat al sur y vegetación abundante para la zona norte.
En la calle Real, nombre dado en época de la colonia a Los Maceo, de conjunto con las casas de familia se distinguen la Plaza Isabel II, los almacenes de comercio mayorista y ventas “al por menor”, sostenidas por establecimientos de ropas, fondas y pequeños talleres lo que, según Samuel Hazard, con el establecimiento del ferrocarril en 1856 hasta Cerro Guayabo se incrementó y acentuó el carácter mercantil de la calle y la importancia la ciudad, y se convirtió en un depósito permanente para el café y el azúcar del distrito, constituyendo un enorme, con relación a la pequeñez del lugar.
La céntrica calle Los Maceo, de conjunto con su vecina Calixto García, se trunca a partir de la ubicación del patio de maniobras de la Estación de pasaje del ferrocarril en 1956; la iniciativa de los que fueron definiendo la ampliación del asentamiento, de dar continuidad a la retícula, permite su extensión hacia el norte desde calle 2 Norte hasta calle 13 Norte, aunque este último sector no presenta los valores del tramo original.
Las edificaciones responden a una férrea disciplina desde 1858 en cuanto a desarrollar portales en los ejes norte – sur de las calles de la ciudad. Disciplina institucionalizada en las primeras ordenanzas para comercios específicamente, Según el estudioso Rafael Polanco, “el Teniente Gobernador Bernardo Villami obligó a construir portales en las edificaciones ubicadas en las calles que iban de norte a sur”, pero que se generalizó a todas las tipologías constructivas, con raras excepciones.
En Octubre de 1870, a 359 años de diferencia con respecto a Baracoa, ciudad primada de Cuba, y a 263 años de La Habana, el Regente del reino accedió otorgar el título de Villa al pueblo, con escudo diseñado de forma ovalada con matas de caña, café y tabaco, además de una colmena, abejas y el río Guantánamo grabados en el fondo, no fue hasta el primero de diciembre de 1870 que se declara la ciudad como Villa, próximo a cumplirse 138 años.
A inicios del siglo XX, la Bahía de Guantánamo fue tomada como base naval de EE.UU, proporcionando esto gran cantidad de empleo, lo que se reflejó en la inmigración desde otras zonas de Cuba hacia Guantánamo, trayendo consigo un importante desarrollo poblacional, comercial y urbano, de lo que da fe la instalación de un moderno alumbrado público en 1905; cuestiones que hicieron necesario traspasar las barreras físicas que constituían el río Guaso y el arroyo Rafat.
Para los primeros 10 años del siglo XX se completaron lotes vacíos en el centro “donde se ubicó una nueva expresión de arquitectura que tomó del neoclasicismo, adecuándose al eclecticismo entrante, con materiales y tecnologías baratos, y con el uso del latón en los elementos decorativos”, asegura Gaspar Atarés Faure.
Entre 1913 y 1930 se registra un importante desarrollo constructivo en el área centro, sin cambios en la imagen heredada, manteniéndose patrones como altura, proporciones y ritmo, perdidos con la introducción del racionalismo en el Centro Histórico, y a partir de 1931, por falta de espacio fundamentalmente, se redujo ostensiblemente la posibilidad de hacerlo. Posteriormente se utilizó la variante más lastimosa sobre el patrimonio existente, pues con la demolición y vuelta a construir, propició la consabida pérdida de valiosos ejemplares de la Colonia o de los primeros años de la “República”.
Según la “Memoria de las obras realizadas por la Comisión de Fomento Nacional durante el gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín”, editadas en 1946, se implementó un programa de desarrollo en la infraestructura técnica; contando para el año 1948 con una nueva red de acueductos, alcantarillado y la pavimentación de 360 cuadras, así como el drenaje; elemento que mejoró las condiciones de vida y transitabilidad en el ámbito urbano, permitiendo además, que Guantánamo fuera para esta fecha una de las ciudades más modernas de Cuba.
Entre 1950 y 1960 se realizaron algunos proyectos aislados en el centro urbano, que respondían a intereses privados, para el uso público y sin normas que sustentaran una organización urbana racional, en el caso específico de Los Maceo se construyeron: en 1953 el Arq. Alberto Ramírez proyecta una nave de almacén con vivienda en segunda planta, donde en la actualidad radican las oficinas de Planificación Económica y CUBATABACO; una nave comercial, proyectada por el Arq. Ing. José Leticio Salcines en 1959 lo que es ahora el TELEPUNTO de ETECSA; una nave comercial proyectada por el Arq. Miguel Alcolado en 1958, actual sede del Sindicato Provincial, el Arq. Malaquías Pérez proyectó para 1956 el servicentro La Perla, actualmente el modernizado Oro Negro y para 1960, proyecta una nave comercial, actual Atelier; el también Arq. Joaquín Sebares en 1959, proyecta un edificio para Banco y viviendas en el segundo nivel. Es obvio que en la calle para esos tiempos sigue primando el destino comercial.
Entre 1990 y 1994 el proceso de mantenimiento y ejecución de calles e instalaciones se paralizó, debido fundamentalmente a fuertes limitaciones económicas de carácter nacional, además, de que se apeló por parte de la población y entidades estatales a la construcción con esquemas “modernos” tomados del gusto personal, implementaciones que trajeron consigo mediocridad en la imagen y el deterioro paulatino de la capa de rodamiento de la calle y de las instalaciones aledañas. Este proceso económico también afecta la actividad comercial y algunos establecimientos cambian sus funciones para viviendas y empresas o cierran por el estado de sus estructuras, afectándose el diseño original y funcionalidad.
En estos primeros años del siglo XXI, se desarrolla un fuerte movimiento del Desarrollo local promovido por el gobierno cubano, que propicia la rehabilitación de numerosas instalaciones del centro de la Ciudad de Guantánamo, en las que hoy se trabaja.
La ciudad de Guantánamo, capital de la provincia cubana de igual nombre, está ubicada en el extremo más oriental de la isla de Cuba, lo que la separa a más de 900 Km de La Habana. Situada al suroeste de la provincia y al sur del municipio Guantánamo, se asienta en el valle que conforman los ríos Guaso, Bano y Guantánamo y las montañas de las Mesetas del Guaso, Sierra del Maquey y Sierra Canasta.
Guantánamo, cuyo nombre aborigen fue Guatanavó (de la acepción aruaca “río de la tierra”), tuvo sus orígenes a mediados del siglo XVII como hacienda Santa Catalina, hacia la cual tributaba parte de las tierras de Sagua y Baracoa, lo que determinó en sus inicios una enorme extensión que posteriormente fue fragmentándose en hatos y corrales.
La hacienda Santa Catalina durante el siglo XVII, XVIII y la primera mitad del siglo XIX -cuando pasó a manos de una sociedad de franceses- desde el punto de vista socioeconómico, fue cobrando en importancia y personalidad, a través del fomento de sus pobladores con la inmigración francesa, catalana y los criollos; la colonización de la tierra, el cultivo del algodón, la caña de azúcar y el tabaco.
La apertura al comercio impone la habilitación de las vías o caminos por parte de la colonia, siendo el Camino de la Isla, una ruta que cruzaba por Baracoa, primera villa fundada en cuba por los españoles, un buen tramo pegado a la costa hasta Santa Catalina – con pasos en los ríos Bano y Guaso, al norte de su confluencia-, hasta llegar a La Habana, además, de los caminos regionales y locales mediante los cuales comerciaba la cabecera de la hacienda Catalina con los distintos lugares.
A mediados del siglo XIX, más al sur de esta confluencia, en la margen oeste del río Guaso, hasta donde era navegable, en un lugar conocido como El Saltadero, tiene su génesis la aldea, que tenía como objetivo primario ser punto de acogida para los productos provenientes de las lomas para su exportación por el embarcadero de Cerro Guayabo, ubicado en la Bahía de Guantánamo, donde comenzaron a atracar barcos de cabotaje, lo que alivió los costos de transporte, así como el tiempo de recorrido hasta Santiago de Cuba.
A partir de la iniciativa privada, entre 1827 y 1829 se inicia el poblamiento del sitio, siendo la Plaza Isabel II, en honor de la reina católica, la primera Plaza de Armas que tuvo el poblado, también llamada ”De la Constitución”. Esta plaza se instaura como corazón del comercio y donde inmigrantes franceses, criollos y catalanes habían construido sus establecimientos comerciales.
Con el crecimiento espontáneo hacia el oeste y el norte, por el umbral que representaban el río Guaso y el arroyo Rafat para ello, la iglesia se traslada más al norte para el espacio donde se insertan lo que son en la actualidad el Parque José Martí y la Iglesia Santa Catalina de Ricci.
El primer plano que da fe de los intentos iniciales de ordenamiento urbano, fue atribuido su diseño al geómetra catalán Jorge Sanz en 1842, el mismo responde a los códigos establecidos por las Leyes de Indias en 1573 por Felipe II y las Ordenanzas para la Villa de La Habana y demás villas y lugares de la Isla de Cuba de 1861, las que a partir de 1894 se hicieron extensivas en todo el país.
Estas Ordenanzas en su Capítulo III, instituyen la obligatoriedad de la retícula ortogonal en manzanas de 80 a 100 metros, orientadas de ser posible al NE por la incidencia de la luz solar, manzanas libres para espacios públicos, plazas, iglesias, mercados y parques, así como, el uso del jardín y portal al frente de las edificaciones con arbolado público en las calles de primer y segundo orden. En el caso del incipiente pueblo, la retícula se orientó de Norte a Sur y de Este a Oeste.
Las muestras arquitectónicas en el siglo XIX en la naciente villa se distinguen por construcciones medianeras de puntal más bien bajo, simétricas, los materiales empleados que iban desde el palo rollizo, el cuje y embarrado hasta la mampostería; los techos de zinc galvanizado francés, tejas de barro criollas y francesas. Las calles tenían como límites naturales al río Guaso al este, el arroyo Rafat al sur y vegetación abundante para la zona norte.
En la calle Real, nombre dado en época de la colonia a Los Maceo, de conjunto con las casas de familia se distinguen la Plaza Isabel II, los almacenes de comercio mayorista y ventas “al por menor”, sostenidas por establecimientos de ropas, fondas y pequeños talleres lo que, según Samuel Hazard, con el establecimiento del ferrocarril en 1856 hasta Cerro Guayabo se incrementó y acentuó el carácter mercantil de la calle y la importancia la ciudad, y se convirtió en un depósito permanente para el café y el azúcar del distrito, constituyendo un enorme, con relación a la pequeñez del lugar.
La céntrica calle Los Maceo, de conjunto con su vecina Calixto García, se trunca a partir de la ubicación del patio de maniobras de la Estación de pasaje del ferrocarril en 1956; la iniciativa de los que fueron definiendo la ampliación del asentamiento, de dar continuidad a la retícula, permite su extensión hacia el norte desde calle 2 Norte hasta calle 13 Norte, aunque este último sector no presenta los valores del tramo original.
Las edificaciones responden a una férrea disciplina desde 1858 en cuanto a desarrollar portales en los ejes norte – sur de las calles de la ciudad. Disciplina institucionalizada en las primeras ordenanzas para comercios específicamente, Según el estudioso Rafael Polanco, “el Teniente Gobernador Bernardo Villami obligó a construir portales en las edificaciones ubicadas en las calles que iban de norte a sur”, pero que se generalizó a todas las tipologías constructivas, con raras excepciones.
En Octubre de 1870, a 359 años de diferencia con respecto a Baracoa, ciudad primada de Cuba, y a 263 años de La Habana, el Regente del reino accedió otorgar el título de Villa al pueblo, con escudo diseñado de forma ovalada con matas de caña, café y tabaco, además de una colmena, abejas y el río Guantánamo grabados en el fondo, no fue hasta el primero de diciembre de 1870 que se declara la ciudad como Villa, próximo a cumplirse 138 años.
A inicios del siglo XX, la Bahía de Guantánamo fue tomada como base naval de EE.UU, proporcionando esto gran cantidad de empleo, lo que se reflejó en la inmigración desde otras zonas de Cuba hacia Guantánamo, trayendo consigo un importante desarrollo poblacional, comercial y urbano, de lo que da fe la instalación de un moderno alumbrado público en 1905; cuestiones que hicieron necesario traspasar las barreras físicas que constituían el río Guaso y el arroyo Rafat.
Para los primeros 10 años del siglo XX se completaron lotes vacíos en el centro “donde se ubicó una nueva expresión de arquitectura que tomó del neoclasicismo, adecuándose al eclecticismo entrante, con materiales y tecnologías baratos, y con el uso del latón en los elementos decorativos”, asegura Gaspar Atarés Faure.
Entre 1913 y 1930 se registra un importante desarrollo constructivo en el área centro, sin cambios en la imagen heredada, manteniéndose patrones como altura, proporciones y ritmo, perdidos con la introducción del racionalismo en el Centro Histórico, y a partir de 1931, por falta de espacio fundamentalmente, se redujo ostensiblemente la posibilidad de hacerlo. Posteriormente se utilizó la variante más lastimosa sobre el patrimonio existente, pues con la demolición y vuelta a construir, propició la consabida pérdida de valiosos ejemplares de la Colonia o de los primeros años de la “República”.
Según la “Memoria de las obras realizadas por la Comisión de Fomento Nacional durante el gobierno del Dr. Ramón Grau San Martín”, editadas en 1946, se implementó un programa de desarrollo en la infraestructura técnica; contando para el año 1948 con una nueva red de acueductos, alcantarillado y la pavimentación de 360 cuadras, así como el drenaje; elemento que mejoró las condiciones de vida y transitabilidad en el ámbito urbano, permitiendo además, que Guantánamo fuera para esta fecha una de las ciudades más modernas de Cuba.
Entre 1950 y 1960 se realizaron algunos proyectos aislados en el centro urbano, que respondían a intereses privados, para el uso público y sin normas que sustentaran una organización urbana racional, en el caso específico de Los Maceo se construyeron: en 1953 el Arq. Alberto Ramírez proyecta una nave de almacén con vivienda en segunda planta, donde en la actualidad radican las oficinas de Planificación Económica y CUBATABACO; una nave comercial, proyectada por el Arq. Ing. José Leticio Salcines en 1959 lo que es ahora el TELEPUNTO de ETECSA; una nave comercial proyectada por el Arq. Miguel Alcolado en 1958, actual sede del Sindicato Provincial, el Arq. Malaquías Pérez proyectó para 1956 el servicentro La Perla, actualmente el modernizado Oro Negro y para 1960, proyecta una nave comercial, actual Atelier; el también Arq. Joaquín Sebares en 1959, proyecta un edificio para Banco y viviendas en el segundo nivel. Es obvio que en la calle para esos tiempos sigue primando el destino comercial.
Entre 1990 y 1994 el proceso de mantenimiento y ejecución de calles e instalaciones se paralizó, debido fundamentalmente a fuertes limitaciones económicas de carácter nacional, además, de que se apeló por parte de la población y entidades estatales a la construcción con esquemas “modernos” tomados del gusto personal, implementaciones que trajeron consigo mediocridad en la imagen y el deterioro paulatino de la capa de rodamiento de la calle y de las instalaciones aledañas. Este proceso económico también afecta la actividad comercial y algunos establecimientos cambian sus funciones para viviendas y empresas o cierran por el estado de sus estructuras, afectándose el diseño original y funcionalidad.
En estos primeros años del siglo XXI, se desarrolla un fuerte movimiento del Desarrollo local promovido por el gobierno cubano, que propicia la rehabilitación de numerosas instalaciones del centro de la Ciudad de Guantánamo, en las que hoy se trabaja.