Los ojos que custodian la frontera de Cuba

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Ramón López PeñaCuentan que impresionaba por la fuerza de su carácter y a la vez su trato amable, fruto de la educación recibida en su humilde hogar en Puerto Padre, Las Tunas.A Guantánamo llegó con solo 17 años para integrarse a la posta 44 de la Brigada de la Frontera y desde allí el soldado Ramón López Peña con serenidad, disciplina e inclaudicable firmeza junto a sus compañeros custodiaba el perímetro colindante con la ilegal base naval ubicada en Caimanera.

Por su actitud ya había sido distinguido como joven ejemplar para ingresar a las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas, justo el año en que surgía esa estructura en las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

 

 

Corría 1964 y justo el 19 de julio, balas asesinas disparadas desde el territorio indebidamente ocupado, truncaron los sueños de Ramón López Peña, en un nuevo acto de provocación que promovía una respuesta de Cuba, la cual sería utilizada como pretexto para otra invasión.

La serenidad de los soldados frustró la pretensión yanqui, pese al dolor ante la pérdida del amigo, quien horas antes predijo que ese día existiría algún problema ante la actitud de los marines con sus gestos ofensivos y palabras obscenas.

El coraje se agolpó en el pecho y las ganas de responder a la altura no le faltaron a aquellos que le vieron llegar tambaleándose hasta la trinchera. Ellos vieron como allí Ramón López Peña pronunció sus últimas palabras, y nada pudo hacer el personal médico ante la gravedad de sus heridas, incluyendo la de la bala que atravesó su cuello.

Recoge la historia que su sepelio fue una de las más grandes expresiones de duelo popular y de rechazo ante el atroz crimen, su madre Eunomia Peña expresó que ante un dolor como ese el enemigo no debe ver nuestras lágrimas sino la disposición de ocupar el lugar de su hijo.

El general de Ejército Raúl Castro en el cortejo fúnebre entregó al padre el carné que reconocía a Ramón López Peña como el primer militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en las FAR.

Han transcurrido 55 años del vil asesinato y desde entonces muchos jóvenes se honran con preservar la integridad nacional desde la Brigada de la Frontera, Orden Antonio Maceo, para forjar allí su carácter como dignos herederos de la ejemplar actitud de Ramón López Peña.