Seguramente las historias del Prometeo de Tréveris estaban inspiradas en esa propia realidad que Marx nunca se cansó de denunciar, sus cuentos debían tener una moraleja o una predicción del futuro que iluminara las mentes infantiles de sus hijos hacia nuevos caminos del conocimiento.
Tal vez con esta historia soñaba el porvenir a la vez que retrataba su presente. Y es que la historia de Hans Rockle se parece mucho a la del mundo del siglo XIX, el XX y por supuesto a este mundo tecnológico, al siglo XXI.
La pobreza, el subdesarrollo, la ausencia de voluntad política, el entreguismo y otros innumerables defectos convirtieron al Tercer Mundo en una tienda de regalos donde el capital adquiría sin impedimentos. Así, durante siglos, las naciones desarrolladas, capitalistas, colonialistas y guerreristas se aprovecharon de su superioridad para robar las riquezas naturales de la región.
En una metáfora muy bien construida Carlos Marx pudo retratar el saqueo de los pueblos y esa condición de inferioridad que aún acompaña al Tercer Mundo cuando las naciones no son más que factorías al servicio del capital extranjero- hoy por obra y gracia de las guerras contra el terrorismo, las invasiones preventivas y otros infundios del Imperialismo.
La narración del teórico del Socialismo retrata muy bien la historia de Cuba antes del triunfo revolucionario que bien pudiera ser la de las naciones latinoamericanas empeñadas ahora en construir, a partir de su propia realidad, nuevas visiones de sí misma.
¿Qué implican estos cambios en la región?
La región se mira por dentro, con sus diferencias y analogías e interpreta sin remilgos coloniales “un cambio de época.” La Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac) ha venido a coronar el ánimo integracionista bicentenariamente sembrado por los próceres independentistas e impulsado por la Aternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
Desde el sur se impone un mundo nuevo donde la unipolaridad no sea el camino y las naciones se protejan entre sí a partir de un comercio integrador y una conciencia de paz donde no importen las diferencias políticas e ideológicas sino el desarrollo futuro de la región.
Tales esfuerzos están indiscutiblemente ligados a la eliminación de la pobreza y la conservación de las riquezas naturales de la región saqueadas durante siglos por fuerzas extranjeras.
Suramérica y el Caribe cuentan con agua potable, la zona boscosa más grande del mundo, el Amazonas; las reservas de hidrocarburos y gas probadas más grandes del planeta y biodiversidad; todos motivos de conflictos mundiales hoy.
No hay cabida entonces para la inocencia, en política nada lo es; mientras el planeta se avoca al colapso de modelos económicos y sociales tradicionales, la integración nos hace más fuertes desde todos los puntos de vista, incluyendo también la defensa ante posibles invasiones.
Así que ni magos, diablos, cuentos de hadas, o bolsillos vacíos por donde dejar escapar las riquezas; sino realidad profundamente latinoamericana y caribeña que desde el sur se afianza en esperanzadores proyectos para defender.







