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Características de la obra

Ángel Iñigo Blanco, procedente de una familia campesina, nunca estudió Plástica, pero desde muy pequeño se inclinó por las esculturas, en su inicio de pequeño formato de cera y barro.

En la finca San Lorenzo perteneciente a la familia Castellano, observó que un caudal de materia prima que le podía facilitar algo novedoso para el mundo, entonces se le ocurrió la idea de representar a los animales esculpidos en piedra teniendo en cuenta el ambiente, ubicando a cada figura en el entorno, con similitud con las zonas que ellos habitan en sus países o regiones.

Entre los primeros brotaron leones, elefantes, una gigantesca serpiente luchando contra un toro, un simio de proporciones descomunales delante de su gruta y hasta diminutos animalitos, ahora entre humanos, fieras y animales domésticos pasan de 426 los que habitan este singular paraje, que no tiene similar en el orbe.

Este hombre con voluntad, coraje y locura poco comunes puso manos a la obra y decidió ir más allá de las pequeñas esculturas de cera y barro para trabajar a partir del 21 de diciembre de 1977 en un León medio sonriente que fue el inicio de las 426 esculturas talladas en piedra calizas que se han realizado durante más de 29 años. De estas esculturas 336 fueron esculpidas por Ángel Iñigo Blanco y 90 por el hijo Ángel Iñigo Pérez, quien fue su ayudante durante 15 años y ahora trabaja como escultor y continuador de la obra del creador, por este estar jubilado.

Para escalar hasta la parte más alta del lugar es necesario recorrer 324 escalones y 245 al regreso, pero a pesar del espacio que hay que recorrer en este entorno selvático los visitantes lo hacen con placer por la belleza de su trabajo escultórico, el clima y la vegetación del lugar. Por todo esto fue declarado “Patrimonio de la Cultura Nacional” el 26 de junio de 1985.

El Zoológico de Piedra surge el 21 de diciembre de 1977, el cual constituye su obra fundamental reflejando la vida de los animales, desde leones atacando a un búfalo hasta conejos y armadillos entre otros.

Este lugar es muy querido por el pueblo que ha sabido reconocer el arte de un campesino que a pesar de no haber estudiado Artes Plásticas posee un gran dominio de la expresión, el movimiento, la anatomía y las proporciones y que con su vocación ha sabido crear una obra universal única de su tipo en el mundo.

En Iñigo, piedra e idea convergen a partir del hallazgo. Él busca, encuentra y observa sus contornos, medita acerca de su integración al conjunto y empieza a trabajar con su rudimentaria utilería donde pedazos de cabillas realizan las funciones en él precisa.

Artista y piedra se citan, a veces los encuentros pueden sumar hasta siete meses y al final una nueva pieza queda a la vista de todos. Podría decirse que una 4ta parte de los cubanos han asistido a la caprichosa representación de esas imágenes.

Nadie se atreve a predecir el límite del parque, de su fauna pues no cabe duda que mientras viva Iñigo, proseguirá su crecimiento y en sus hijos han surgido seguidores que también tienen la iniciativa creadora.

Este monumento a la creatividad y para el orgullo de este noble pero aguerrido pueblo, fue declarado “Patrimonio de la Cultura Nacional el Zoológico de Piedras” el 26 de junio de 1985.

En su diario deambular se encuentra una piedra, la acaricia y ya sabe qué puede salir de ella, se va a su casa, pero siempre, en su mente, una idea: qué nueva creación hará al amanecer.

Muy temprano, cuando aún el sol no ha calentado sus rayos y el silencio se adueña del cafetal se dirige al puesto seleccionado; con hacha, machete, barreta, pala, cinceles de cabilla y un martillo como única compañía.

Empieza a “descarnar” la piedra, en su sitio natural y poco a poco ésta va cobrando vida y transformándose en una figura, un animal o un objeto. Iñigo se enamora de la escultura que está formando, luego, al terminarla su amor se traslada a la pieza que tiene seleccionada de antemano para su próximo animal y así sucesivamente.

Aunque trabaja la piedra en el lugar natural, un día encontró un peñasco y lo trasladó hasta el fondo de su casa, allí lo transformó, a fuerza de cincel y martillo, en la representación de Niceto Pérez, mártir campesino de la zona Guantanamera.

 

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