Crónica necesaria acerca del bolero en Guantánamo (+ Fotos)

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Guantánamo, ciudad abierta y animada a partir del gran trasiego económico y comercial que le brindó la existencia en sus predios de la Base Naval norteamericana, desplegó una vida cultural muy activa, la trova y el bolero que se desarrollan a partir de la presencia de trovadores oriundos de la ciudad del Guaso...

Guantánamo, ciudad abierta y animada a partir del gran trasiego económico y comercial que le brindó la existencia en sus predios de la Base Naval norteamericana, desplegó una vida cultural muy activa, la trova y el bolero que se desarrollan a partir de la presencia de trovadores oriundos de la ciudad del Guaso o que llegaron desde la vecina Santiago de Cuba de paso o para asentarse definitivamente en territorio guantanamero.

En el año 1905, la historia recoge la existencia de un dúo compuesto por Juan Luis Castro (santiaguero que vivió casi toda su vida en Guantánamo y voz segunda), y Manuel Carreño, voz prima conocido como “el Ñato”; a ellos se les reconoce como pioneros del bolero y de la trova tradicional aunque sea solo por sus nombres. Fue también conocido otro trovador guantanamero: Leopoldo Rubalcaba compañero de descargas y de andanzas patrióticas de Sindo Garay y hasta al propio Nene Manfugás, se le encuentra mostrando a sus compañeros de serenatas el “singular instrumentico” que resultó ser el Tres guantanamero, en la Plaza de Marte, uno de los puntos de reunión más concurrido por los trovadores y boleristas santiagueros.

Necesariamente, tiene entonces que surgir en Guantánamo, un fuerte movimiento de trovadores y cultores del bolero que mantuvieron una interrelación estrecha con trovadores y boleristas santiagueros entre ellos Sindo Garay por ejemplo, que escribe su primer bolero “Quiéreme, trigueña” en 1879 a orilla del río Guaso.

Mientras ocurrían todos estos acontecimientos, nace en esta ciudad una figura clave en el desarrollo de este movimiento musical: José Benito Odio, quien llegó a ser otro de los máximos exponentes de la trova oriental, excelente anfitrión pues en su casa o en su negocio se daban cita los más importantes cultores del género que llegaban o vivían en la ciudad.

En su honor lleva hace muchos años su nombre la Casa de la Trova guantanamera, centro de reunión de trovadores y boleristas del Guaso entre los que debemos recordar a José Guardiola, a Pedro Rodríguez (primer director del quinteto Rumores del Guaso), a Luisito Rivera (dicen que tocaba la mejor guitarra 2da que ha existido), a Felicia Poll, Estela Pérez, Viola, Reyna Suárez… porque además es muy preciada la presencia de féminas boleristas en este espacio.

Trio de Tito Monier años 50

En este contexto y en otros espacios de la ciudad también vamos a encontrar a otros músicos que muchos guantanameros no asocian con la interpretación del bolero. Tito Monier por ejemplo quien además de guarachero, changuicero y sonero, resultaba ser un trovador y bolerista innato, artífice de espectaculares   descargas familiares y de amigos con las cuales recorría comunidades rurales tales como Sempré, Baltoni, la Cidra, etc. Era normal ver a Tito Monier en la Casa de la Trova, compartiendo con otros trovadores y con otros músicos guantanameros como Herminio García Wilson ”El diablo Wilson” y Carlos Borroneo Planche “Cambrón” que formaron parte de la Estudiantina y de otras agrupaciones soneras y hasta al gran Chito Latamblé entre otros importantes músicos guantanameros.

 

En Baracoa, también existió un contexto muy propicio para el desarrollo del bolero, aquí encontramos también una Casa de la Trova e igual, relevantes cultores del género eran asiduos en sus visitas al terruño más oriental de Cuba, un ejemplo vivo es la obra “La Baracoesa” de Sindo Garay compuesta en la década del 20 del pasado siglo XX que constituye todo un homenaje del género.

Se destaca allí un personaje considerado como uno de los más carismáticos trovadores que haya existido jamás: Oscar Moreno González “Cayamba”, que con amplia sonrisa, peculiar vestimenta, con sus refranes y pensamientos que escribía en el estuche de su guitarra, autoproclamado como “el trovador de la voz más fea del mundo” apasionó a todos con su estilo trovadoresco único e irrepetible, logrando desde su terruño natal esa mescla de feeling, de blues, de jazz, de nengón…

“Cayamba” el Trovador de la voz más fea -Baracoa

 

Durante estos años el bolero estuvo marcado por la existencia de los más diversos formatos trovadorescos, desde dúos, tríos, cuartetos….estudiantina, favorecidos por factores sociales y culturales determinantes: proliferaban academias de música donde se formaban muchos músicos y por otro lado están los aportes que necesariamente recibían a partir de la presencia de la música   norteamericana, especialmente del jazz, el blues y otros géneros y estilos provenientes de la región de Nueva Orleans así como de los formatos músico-instrumentales que estaban en auge como las jazz band.

Todos estos elementos van a marcar de manera importante una nueva era en la interpretación y el desarrollo del bolero en Guantánamo en la cual nombres como Rafael Inciarte Brioso (santiaguero devenido guantanamero)   en perfecto binomio con el Dr. Luis Morlote Ruíz, nos legaron boleros grandiosos como “Todo lo tengo ya” y el internacionalmente conocido “Ojos lindos” que llegó a ser tema en más de un films en su época o un Lilí Martínez que nos lega entre otros un bolero obligado “Nos estamos alejando” o   a la profesora Angelina Quert autora de temas como “En un viaje a la Luna”   y “De nuevo aquí” que hicieron época en voces de notables intérpretes del momento son solo una pequeña muestra del alcance del bolero guantanamero a lo que debemos de sumar las voces guantanameras como la de Bertha Dupuy, considerada la mejor cancionera de Cuba en los años 50.

Corren las décadas del 60 y del 70 en Guantánamo suceden momentos de gran esplendor relacionados con el bolero:   estaba William Hope Glemaud, importante pianista guantanamero que acompañaba a voces del bolero que hicieron época en la ciudad como los hermanos Gilberto y Mario Piusseaux,   Inés María Sanchéz y   la gran Alicia Peters en los diferentes momentos del Bolero que se ofrecían en el Casino Riviera de Montecarlo (Hoy Pizzería Holguín), en el Kumora Club y en el Salón Rojo del Hotel Washington, estaba también María Cristina Salazar acompañada por Manolo Mulén en la guitarra, pero además encontramos al Abogado y músico Humberto Sócrates Villalón que también en el Salón Rojo del Hotel Washington tenía su espacio de descargas donde acudían lo más selecto del bolero de la ciudad y del país que visitaban la ciudad, Guantánamo era una plaza de obligada visita de figuras como Benny Moré y Pacho Alonso por solo mencionar algunos entre los enigmáticos cultores del bolero.

William Hope Glemaud Pianista

Inés María Sanchez – Bolerista guantanamera en los años 50

Por otro lado florecían además  orquestas que incluían en su repertorio además de los géneros bailables, un   gran número de boleros   emblemáticos,   recordar por ejemplo al combo u orquesta Ideal que dirigía Sócrates Villalón, que era la orquesta acompañante de los show en los Cabarets   de la parte Este de la ciudad (Megatón, Hanoi y Bayatiquirí) y a la   orquesta Sabor y ritmo  dirigida por Mundo Almaguer con sus elegantes morenos y excelentes boleristas Ubaldo Tito Ferrer, Alonso Portuondo Jeréz y Héctor Anderson,   y más adelante llega el pequeño Elio Jiménez.

También debemos recordar por esos años al gran Agustín Dueñas, a Radamés Torres y más adelante  Noel Nicot  y  la excelentísima voz de Lina Zamora, figuras que por años han  prestigiado  y aún lo hacen al bolero y la canción guantanamera.

 

A la maestra Antonia Luisa Cabal “Tusy”, le debemos la formación de muchas de las voces que defienden el bolero en el terruño, entre las voces masculinas que se destacan por su elegancia, procedentes casi todos del Coro Masculino fundado por ella encontraremos a Roberto Salomón, a Julio Blanco, a Carlos Preval y al galante Eddy Chararán mientras que entre las féminas se destacan voces como la de Keila Soto (fallecida prematuramente), Aracelis Nápoles, Nieves Morilla, Kenia Vázquez (fallecida en España), la carismática Isvya Aledanis y la figura que en estos momentos y desde hace un cuarto de siglo, ha promocionado y mantenido el  espacio más singular donde se puede disfrutar del género: “Bolereando” de la Dra Paula Villalón.  A estas voces se unen desde Baracoa  Ileana Milhet y Mario Luis Toirac.

Anaís Abreu, Lina Zamora y Paula Villalón en Concierto Boleros-de-Oros Sala Tusy.

Noel Nicot, Lina Zamora y Eddy Chararán Voces de Oro del bolero guantanamero      

          

Conrado Monier junto a Iliana Milhet y Mario Luis (Baracoa)   

                                           

                                                                           Lina Zamora en Noches de Boleros. Teatro Guaso. Años 80

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otros proyectos ideados por la maestra Tusy contribuyeron a promover y mantener el bolero en pleno auge; en la década de los 80 por ejemplo, se inician unos encuentros que luego se  convirtieron en los “ Festivales de Tríos” en la ciudad de Guantánamo, eventos que llegaron a tener carácter internacional y en los cuales el bolero se coronaba “rey y señor”, poco tiempo después nacen las “Noches de Boleros” devenidos “Festivales de Boleros” en escenarios como el Teatro Guaso en la ciudad y donde acudían voces imprescindibles del bolero del país como  Mundito  González,    Rolo Martínez……., esta experiencia es apoyada por la filial de la UNEAC en Guantánamo y casi inmediatamente fue acogida por la UNEAC nacional resultando hoy el festival Internacional “Boleros de Oro” del que en sus inicios fue Guantánamo una de sus principales sedes, privilegio que perdió   por dificultades logísticas.

En todos estos eventos incidieron otras figuras guantanameras responsables de las orquestaciones y dirección de las orquestas que se conformaban para los mismos, nombres como Sócrates Villalón, Néstor Megret “Puli”, Claudio yAdrián McPherson, Ernesto Wilson, Agianit Paján   y en los últimos años Conrado Monier que  junto a muchos músicos guantanameros   fomentan la historia del bolero en nuestra tierra.

Dichas de manera muy breve, son estas las memorias del bolero en tierras guantanameras, memorias en las que se necesita abundar aún más pues muchos son los seguidores y amantes del género, copartícipes de lo que constituye sin dudas un “hecho cultural”  que necesitamos preservar para que las nuevas generaciones de guantanameras y guantanameros puedan cantarle al amor y a la vida.

Fuente: Blog Conrado Monier. http://conradomonier.cubava.cu/