Frank País y los Carnavales de Guantánamo

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Muchas historias ciernen las fiestas carnavalescas desde sus inicios en Cuba, cuando era colonia de España y luego en manos imperialistas.

Muchas historias ciernen las fiestas carnavalescas desde sus inicios en Cuba, cuando era colonia de España y luego en manos imperialistas.

De ellas se cuentan algunas en las dos revistas publicadas hasta ahora en la provincia de Guantánamo, las cuales recorren las tradiciones y actualidad en esas celebraciones.

Mas, ninguna me llama tanto la atención como el artículo que divulga la edición de este año acerca de la presencia de Frank País en los carnavales guantanameros de 1956.

Bajo la autoría de José Sánchez Guerra, historiador del territorio, la revista rememora la visita del líder clandestino a esta ciudad y su noviazgo con la guantanamera Elia Frómeta Guzmán, residente en Luz Caballero entre Carretera y Emilio Giró, cuya hermosura se aprecia en una foto de época.

El material afirma que Frank ensanchó el magisterio de sus convicciones religiosas en la iglesia bautista de la céntrica arteria Carlos Manuel de Céspedes donde vive además, el sabor, esplendor y alegría de los carnavales de Guantánamo.

Una noche de agosto de 1956, en plena fecha festiva, el santiaguero de cuna visita nuevamente la ciudad vecina para organizar acciones del Movimiento revolucionario y crear en La tinta, de Maisí, un campo de tiro para el entrenamiento de guerrilleros. 

Como necesitaban constatar habilidades y despistar a las fuerzas enemigas, el jefe nacional de la lucha clandestina Frank País, insta a los compañeros Enrique Soto, Samuel González, Fabio rosel, Orlando Sánchez y otros revolucionarios a realizar prácticas de tiro en un área dedicada a ello, en pleno corazón del carnaval guantanamero.

Quiso la casualidad, que al sitio concurriera el sargento de la Guardia rural Manuel Silva, famoso como tirador, quien para sorpresa de todos, al percatarse de las destrezas de Frank, le da la mano y lo invita a competir.

¿Resultado final? El líder clandestino gana la apuesta y el episodio queda grabado como la mejor burla a los esbirros batistianos en tiempos de carnaval guantanamero.

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