Guantánamo, 8 jun (CMKS) La estatua del dios griego indica el lugar, una especie de comparación por analogía con los establecimientos del pueblo heleno que permitían el negocio, la comunicación constante y el comercio entre unos pueblos y otros.
La Plaza del Mercado, devenida patrimonio cultural tangible, se yergue ante el casco histórico de la ciudad de Guantánamo como un monumento interactivo gracias a lo ecléctico de su estructura y las exhaustivas labores de restauración a las que se somete, finalmente, en el 2018.
Pese a no contar con todos los recursos necesarios en el proceso, varias son las instituciones políticas, culturales e investigativas de la provincia que se involucran para devolverle a la estructura la firmeza de sus engastes, esas firmes uniones que le permiten a las columnatas sostener el enrejado, en similitud a los pórticos populosos de la era moderna.
Y qué decir de la recuperación de sus cuatro cúpulas que como símbolo de lo supremo recreaban una suerte de resonancia que ambientaba el local, cuando niño compartí sus ecos y ahora un poco entrado en edad extraño transitar por esos valores arquitectónicos que tanto defienden los guantanameros.
Merece entonces los aplausos Fernando Gómez Martínez, miembro de la Empresa Nacional de Proyectos Agropecuarios en el territorio y arquitecto creador del plan que se ejecuta, al trabajar de modo sinérgico con la Dirección Provincial de Patrimonio, el Grupo de Desarrollo Integral para la Ciudad y otras instituciones en la salvaguarda de las piezas que sirven como memoria material del otrora centro de comercio.
El ojo escrutador se cierne ahora sobre las propuestas de rehabilitación del emblemático edificio, específicamente, sobre el uso de vigas de acero laminado dispuestas en formato piramidal para las calles centrales, el rescate de los portales corridos propios de los códigos de la arquitectura tradicional y la conservación de la celosía exterior como elemento integrador de todo el conjunto.
En mi opinión, destaca entre las continuas labores de arquitectos, ingenieros y constructores el impulso por convertir a la Plaza del Mercado, obra original de José Leticio Salcines Morlote, en un espacio donde se complementen cafeterías, ventas de vinos e insumos agrícolas, carnicerías, mercados industriales y otras prestaciones de servicios a fin de atribuirle mayor visualidad y estética al lugar.
Sin fecha aún de término, llama la atención como no se anexará ningún elemento arquitectónico exterior que rompa con la concepción del diseño fundacional, al tiempo que se distribuye el espacio en cuatro zonas que funcionarán de modo distinto pero integradas permitirán el intercambio entre los usuarios.
Conservar esta estructura, que data del siglo veinte, será indispensable para la supervivencia de la identidad guantanamera que desde ambientes exclusivos, personales y atemporales propone a ultranza una defensa del patrimonio cultural de la urbe.
Por tal motivo, nos corresponde a los guantanameros aunar voluntades en el empeño de velar por la seguridad de los recursos que en este sitio se emplean y colaborar con la ayuda necesaria según lo soliciten las instituciones pertinentes, para disfrutar cuanto antes de una Plaza del Mercado, en perspectiva, monumento nacional.