Como aquel 4 de febrero de 1962, hoy todo el mundo tiene puestos los ojos sobre Cuba.
Como aquel 4 de febrero de 1962, hoy todo el mundo tiene puestos los ojos sobre Cuba.
En aquel año, el máximo líder de la revolución Cubana Fidel Castro se dirigía a todo el pueblo cuando Cuba fue expulsada de la Organización de Estados Americanos (OEA) y desde todos los continentes esperaban una respuesta de nuestra patria. En aquella ocasión Fidel se refería a los mensajes que demostraban cuánto interés, cuánta atención, cuánta solidaridad había despertado la respuesta cubana ante la infamia.
En ese entonces el Comandante en Jefe se refería a cómo Estados Unidos ejerció toda su presión sobre gobiernos lacayos de Latinoamérica, con la excepción de México, y sobre cómo en la octava Reunión de Consulta de la OEA celebrada en Punta del Este, Uruguay, se acordó la exclusión de Cuba por "incompatibilidad con el Sistema Interamericano"..
Cuba, que ya llevaba tres años bajo el incesante hostigamiento del imperialismo yanki sabía que se promovían nuevas agresiones y complots contra nuestro país. Nada era nuevo para nuestro pueblo. Una extensa y larga lista de incesantes injerencias por parte de los Estados Unidos demostraba el interés que siempre tuvo ese país sobre nuestra isla. Deseos anexionistas que tuvieron sus antecedentes en la época de la Doctrina Monroe y la política de la fruta madura, instrumentos geopolíticos que garantizaban el hegemonismo estadounidense en el continente americano.
A 53 años de la Segunda Declaración de la Habana, documento con el cual Cuba ratificó su posición antimperialista y de defensa de su soberanía, nuestro país asiste por vez primera en el 2015 a la Séptima Cumbre de las Américas, participación posible gracias a la solidaridad del continente latinoamericano y caribeño unidos en un reclamo común.
La presencia de Cuba como ya ha trascendido no significa un cambio de posición respecto a la Organización de Estados Americanos, pues la isla ha ratificadola ruptura total con este organismo considerado como un ministerio de colonias a las órdenes de Norteamérica.
De ahí que la voz de nuestro país se alzará como en todas las tribunas: firme en sus posiciones de defensa de la independencia; la no injerencia; la convivencia pacífica con respeto a las diferencias; la fidelidad a nuestros principios así como la defensa de la paz como bien supremo para edificar un mundo mejor, con oportunidades para todos y en contra de las políticas neoliberales.
Ya lo dijo Raúl Castro, en la Cumbre de las Américas estaremos, para luchar por las causas justas como la que hoy defiende la República Bolivariana de Venezuela ante el decreto del presidente estadounidense de considerar a esa nación como una amenaza para su país, lo cual ha levantado una ola de reclamos en la región a favor de que se derogue el mismo pues como afirman los hijos del pueblo de Bolívar: A Venezuela se Respeta.
Ya están en Panamá representantes de Cuba, quienes participan en los cuatro foros paralelos al cónclave presidencial: social, juvenil, empresarial y de rectores universitarios.Desde su llegada emitieron una declaración en la cual denuncian la presencia en Panamá de asalariados del imperio, quienes no conseguirán apagar la voz de la verdadera sociedad civil cubana.
Ni asesinos ni mercenarios empañarán la imagen de la Cuba solidaria y bloqueada durante más de 50 años, pero que no ha detenido su avance ante las provocaciones de enemigos internos y externos.
Es lo que hoy pretenden hacer en Panamá, personajes siniestros, lame botas, mercenarios asalariados, quienes en un lamentable show llaman la atención en los foros paralelos a la Cumbre de las Américas quienes sueñas con retornar a Cuba al pasado ominoso que sufrió antes de 1959.
En la actualidad reviven las palabras de Fidel pronunciadas en 1962. En aquel momento citaba el líder cubano, “(…) detrás de las palabras huecas de los impugnadores de la patria cubana, no había un pueblo; detrás estaban los asesinos de obreros y de estudiantes, de campesinos; detrás estaba lo más corrompido (…)”
Hoy cobra vigencia la afirmación del máximo líder de la Revolución Cubana cuando dijera “Ahora, sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia”.












