Cada siglo tiene sus hombres lumbreras y nadie duda que Fidel se convirtió en una de esas luces brillantes que cautivaron al mundo con cada palabra, cada hecho, cada gesto de heroísmo, solidaridad, sabiduría.
Cada siglo tiene sus hombres lumbreras y nadie duda que Fidel se convirtió en una de esas luces brillantes que cautivaron al mundo con cada palabra, cada hecho, cada gesto de heroísmo, solidaridad, sabiduría.
Hijo de la historia de Cuba, conquistó al mundo con su esencia y desplegó páginas de autonomía y dignidad.
Su oratoria le regaló miradas de todas partes del orbe y despertó sueños emancipadores.
No fue el líder de promesas, teorías o retóricas, fue el rebelde que logró los sueños martianos para su patria
Aclamado por millones, demonizado por minorías frívolas, desconocido para nadie, iluminó a Cuba con sus proyectos democráticos y tendió puentes de amistad y admiración hacia el mundo.
El impulso de glorias de Fidel se agradece en Angola, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Haití y otras naciones hermanas que acompañan hoy nuestro dolor.
Cuba derrama lágrimas por su pérdida pero enjuga el llanto y levanta su voz, la misma voz que Fidel le instruyera, la que inspira a multiplicar la obra nonagenaria del protagonista del siglo 21, del líder de la revolución cubana, del Comandante, del amigo.












