Hoy todas mis líneas son para Fidel, él las merece más que nadie. El dolor no me permite lágrimas sólo letras que se agolpan en mi mente para recordar a este líder que más que un presidente fue padre para todos los cubanos.
Hoy todas mis líneas son para Fidel, él las merece más que nadie. El dolor no me permite lágrimas sólo letras que se agolpan en mi mente para recordar a este líder que más que un presidente fue padre para todos los cubanos.
La mayoría no lo conocimos en persona, pero más de una vez nos acariciamos la barbilla mientras expresamos gracias a papá soy alguien, gracias a papá se resolvió este o aquel problema.
Cierro los ojos y lo veo en impecable uniforme verde olivo, gallardo en su estatura física y moral. En el rostro la mirada serena, analítica, el gesto sincero y la palabra oportuna en los labios.
Lo prefiero sonriente entre los niños, compartiendo con los deportistas, en el debate con los intelectuales, reconociendo a los médicos internacionalistas, a los obreros héroes del trabajo o saludando a las Tanias, esas guantanameras Marianas de las cosechas del café cubano.
De su pluma, contaré a mis hijos acerca de su periodismo de alto vuelo, de la polémica que provocaban sus artículos así como del análisis detallado que realizaba de cada hecho internacional y la manera en la cual se adelantaba a los acontecimientos. Hemos perdido al visionario más grande de estos tiempos.
Por los guantanameros Fidel derrotó el fatalismo geográfico. Los cercanos lasos que unen a Fidel y al pueblo de esta región quedan al descubierto en las 25 visitas del Comandante en Jefe al territorio
Sorprenden historias casi desconocidas como lo pasos por el valle de Caujerí en los cuales proyectó el desarrollo del mismo y la presencia del líder ante la invasión mercenaria del 17 de abril de 1970 por Punta de Silencio en Baracoa, cuando se calzó las botas junto a campesinos y milicianos para expulsar a los intrusos.
Veteranos, obreros, dirigentes y periodistas de la talla de Oscar Romero, combatientes de la Brigada de la Frontera Orden Antonio Maceo, cuerpo armado custodio de los límites con el perímetro fronterizo, ex-trabajadores de la base ofrecen testimonios verídicos de sus periplos por la tierra del guaso.
Fidel nos motivó a ser un pueblo de hombres de buena voluntad, laborioso, embajadores de amor y de humanismo. Por él en América Latina, en África, China, Vieth Nang e incluso donde menos lo imaginamos, ser cubano es sinónimo de solidaridad, decisión, firmeza y justicia. De las nuevas generaciones depende mantenerlo vivo, hora es ya de que seamos sus ojos, sus oídos, sus manos, su andar, allí donde sea necesario.












