Hanoi, la luz de Vietnam

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La nave planea sobre la noche anamita, a más de 23 mil pies de altura; a lo lejos, por algún punto impreciso del horizonte, empieza un minúsculo centelleo como de luciérnagas.

La nave planea sobre la noche anamita, a más de 23 mil pies de altura; a lo lejos, por algún punto impreciso del horizonte, empieza un minúsculo centelleo como de luciérnagas.

Poco a poco la imagen se acerca; se agranda; de pronto, una voz de mujer irrumpe en el interior del avión, dice algo, en vietnamita primero, luego en inglés; yo solo entiendo un vocablo: Hanói.

En efecto,una hora después que partimos de Hue, la hermosa ciudad imperial situada 540 kilómetros al sur, el avión desciende sobre Hanói.  Muy pronto el viajero advierte un paisaje lumínico multiforme y multicolor.

La capital vietnamita merece un galardón por sus luces, desconozco con cuántas bombillas cuenta, pero son más que sus seis millones y medio de pobladores, y sé que tiene la gran luz de Vietnam: Ho Chi Minh, cuyo nombre quiere decir el que alumbra; el Tío Ho lo hace con sus ideas, con su ejemplo, con sus virtudes.

La noche misma, y la historia, explican por qué Hanoi ostenta el título de Ciudad de la Paz que le otorgó la UNESCO, y el de Capital Heroica que su estado le concedió.

Contra la voluntad de sus habitantes se estrellaron una y otra vez las ambiciones foráneas; Washington no logró someterla con más de diez mil toneladas de bombas arrojadas en zonas residenciales y en otros objetivos.

La destrucción hoy parece increíble ante el esplendor de la urbe, pero Hanoi no olvida; es profunda la gratitud de quienes habitan esta ciudad poblada de edificios centenarios y altos, como cumbres del Himalaya.

Por fuerza de la costumbre, los hanoienses pasan frente a sus construcciones monumentales sin quedar boquiabiertos, como el cubano que se detiene a contemplar el paisaje, y encuentra el verdadero sentido a una observación de Martí: “los anamitas parecen plateros finos en todo lo que hacen”. 

La hidrografía y los veranos calientes establecen ciertas similitudes entre Hanói y la tierra del Guaso. Al margen de la fonética, otro elemento asemeja a las dos ciudades: los topónimos que las nombran significan casi lo mismo: Guantánamo, tierra entre ríos; Hanói: ciudad entre dos ríos.

Hanoi le debe su nombre a los ríos Duong y al Rojo, éste último, con más de mil cien kilómetros de longitud, es casi tan largo como la isla antillana, tan caudaloso como la historia de Vietnam y de Cuba, tan profundo como la amistad entre los pueblos de Fidel y de Ho Chi Minh.

 

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