Por estos días, más de 200 periodistas de toda Cuba debatieron, y se batieron en congreso. Una lidia amistosa, que entre criterios y realidades diversas, confluyó en el ideal común de hacer del periodismo estocada certera y necesaria para acompañar al pueblo en estos nuevos tiempos.
Mucho de lo que afecta al periodismo y los periodistas, estuvo en la mesa del debate. Y eso, por supuesto, es bueno.
Pero lo que hace grande a un Congreso no es lo que se dijo, a fin de cuentas de decir vivimos, y las opiniones del gremio son harto conocidas entre los delegados y quienes nos quedamos a ver los toros desde la barrera de las redes sociales y los medios de comunicación.
Lo que hace grande a un Congreso es precisamente que lo debatido, esos temas que ocuparon espacios, tiempo y resuellos, no vuelvan a repetirse en una próxima cita, o por lo menos no en todas sus partes.
Si algo novedoso tuvo esta cita fue su ubicación temporal, justo cuando se dio a conocer, en marcos bien estrechos es cierto, el contenido de la nueva política de comunicación, lo que resultó de esa ley de prensa que se venía solicitando cada vez con más insistencia, en los últimos años.
¿Pero será esta política la llave de todos los problemas? ¿Será suficiente la norma impresa para encarrilar los escenarios de la comunicación hacia el camino correcto, un camino que necesariamente nos lleva a repensarlo todo?
Lo que sí queda claro es que no la tendremos fácil, y una política, ni siquiera una ley, sacará de sus escondrijos a la verdad que tanto puja por sernos esquiva.
De modo que no podemos esperar, cuando nos dejen los aires del Congreso, que todo sea diferente.
Seguirán las fuentes esquivas, seguirán los bajos salarios, las tecnologías insuficientes, la ausencia del periodismo de investigación como un asunto de todos los días, porque cada día hay gatos queriendo aparentar ser liebres, y pueblo que alertar, y muchas de las cosas recién mencionadas en La Habana como lastres del periodismo que hacemos, porque ni la realidad ni la mentalidad se cambian de un día para otro.
Con el Congreso andando, vi a una colega rabiaba por los “peloteos” de empresarios de Comercio, y a otros más ser informados por directivos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de que las llaves de las especificidades para Guantánamo de las nuevas regulaciones para el trabajo por cuenta propia, están cerradas hasta agosto.
Pero algo tendremos si acabamos de entender la verdad como máxima y guía. Esa palabra que está en cada titular, en cada nota, en cada hastag de este décimo congreso de los profesionales del periodismo en Cuba, pero que debemos trastocar en verbo.
La verdad, que lo agrupa todo. La verdad que requiere de investigar, de cuestionar, sin importar los conflictos de intereses. La verdad que además no puede ser sin ética, sin compromiso. La verdad que inspira, a pesar de las carencias, y de todo.
La verdad que hace, como el hábito al monje, al periodista.












