Sigilosas anduvieron las mujeres en la lucha clandestina. En Guantánamo, una de ellas, Isabel Basulto, se remonta a ese ir y venir por las calles de una ciudad llena de riesgos, de acontecimientos que marcaron a toda una generación.
Hoy desde su hogar, nos acerca a la historia de su vida, ligada necesariamente a la lucha clandestina en esta parte de la isla.
Con 76 años de edad , voz afable y memoria prodigiosa nos habla de su etapa estudiantil en la Escuela de Comercio:” Allí existía un movimiento martiano importante que lo dirigía Sergio Murilla , así con las ideas del Apóstol fui forjando mi carácter, a lo cual ayudó también el origen humilde de mi familia, yo era muy joven, tenía 14 años cuando mi abuela me sorprendió vendiendo bonos del 26 de julio con el uniforme puesto , en ese momento me dijo que si me iba a dedicar a esas actividades, tenía que trabajar”.
“Recuerdo que comencé en una tienda que se llamaba “El Lirio”, ubicada en la calle Carretera entre Máximo Gómez y Luz caballero, ya yo formaba parte del Directorio 13 de Marzo junto con mi hermano mayor y contribuía con las acciones que realizaban los integrantes de esa organización, además de la venta de bonos, como yo sabía bordar, hacía brazaletes, tirábamos proclamas, uno siempre estaba expuesto al peligro, recuerdo que a mi hermano lo apresaron y cuando lo soltaron nos integramos al Movimiento 26 de Julio, eso fue en el año 1957”.
“Todo el trabajo era clandestino, en nuestras casas no sabían nada, yo me levantaba de madrugada e iba a El Salvador y ya a las ocho de la mañana estaba en el trabajo, trasladaba suministros, llevaba mensajes, lo q hiciera falta, nosotros no teníamos miedo, recuerdo el día en que asesinaron a Omar Ranedo Pubillones, él también era del 26 , aquello fue grande, estuvimos de duelo durante una semana pese a que los guardias de la tiranía estaban con sus armas, tratando de atemorizarnos”.
“Hubo otros momentos en que mantuve la sangre fría como decimos nostros, en una ocasión iba con mi mamá cargada de cosas útiles para quienes estaban ya en las montañas , le pasamos por al lado a los esbirros, le dimos las buenas noches y seguimos de la manera más natural, recuerdo otro día junto a mi prima, llevábamos armas debajo de unas sayas muy amplias que usábamos, teníamos un velo en la mano, veníamos de Boquerón y los guardias nos preguntaron si estábamos en la iglesia, le dijimos: No, fuimos a desayunar, registraron el carro pero a nosotras no, fue un día de mucha suerte”.
“Los jóvenes que militamos en las filas del 26 salíamos de nuestras casas pero el regeeso no era seguro, había una situación cruda en las calles, ya el 29 de noviembre de 1958, me encuentro con otro combatiente Wilfredo Gonce Cabrera, quien murió despúes en Girón, y me dijo que el paso para Caimanera estaba cerrado, ya la tiranía tenía los días contados, nosotros escuchábamos Radio Rebelde y los partes victoriosos del Ejército Rebelde”.
La alborada del Primero de Enero de 1959 sorprende a Isabel Basulto en las calles de su ciudad natal repleta de euforia: “ Yo salí y me dijeron, ¿te enteraste?, se fue Batista, desde ese momento me monté en el carro de la Revolución y no me he bajado nunca más”.
“De ahí vinieron auqellas tareas importantes como la defensa de lo conquistado, la fundación de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), las personas de mi edad hemos tenido una participación muy activa en todo, en la construcción, en las labores agrícolas, nos movilizábamos hasta tres meses en la zafra, fueron muchas cosas y no me arrepiento porque como dijo Nicolás Guillén, yo tengo lo que tenía que tener”.
“Fueron muchos los que lucharon en la sierra y en el llano, muchos los que cayeron, por eso yo siempre le digo a la juventud que no pueden olvidar la historia, que lean las reflexiones de Fidel, que él nos enseña algo todos los días y como he vivido otras etapas, les digo que vivir en la Cuba de hoy es un privilegio”.












