Dicen quienes fueron testigos de la masacre, que las ramas caían entre exclamaciones y preguntas. Y que mientras más la gente se detenía, más rápido trabajaban los hombres de camuflaje empecinados en desnudar de ramas y verde los árboles de frondas generosas del parque José Martí.
Dicen que hubo incluso quien se atrevió a preguntar en voz alta, ¿por qué?, ¿quién mandó? ¿por qué algo tan radical?, ¿seguro no hay otra salida para ahuyentar las bandadas de pájaros? y que las respuestas, como se caía de la mata, fueron de hacemos lo que nos mandaron, y nada más.
Para el resto de los guantanameros, la sorpresa nos enfrentó el lunes, encarados a un parque sin ramas, sin hojas y sin frutos, un parque con sol, sin sombra de la que agarrarse en las tardes de eterno verano de la provincia más oriental y más caliente de
Cuba.
La poda, como método, existe. La poda para sanear los árboles y la que se utiliza para desobstruir el paso de las líneas energizadas, para eliminar peligros de ramas caídas sobre casas y cabezas y la que se quiso hacer, o por lo menos la que se dice que se hizo en el parque, la poda sanitaria.












