A pesar de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó desde hace varios años la estrategia Global de lucha contra el terrorismo, lo cierto es que el mundo está lejos aún de lograr una cooperación internacional eficaz para combatir este flagelo.
Si así fuere, no habría que abogar hoy por eliminar las causas que provocan estos hechos ni por el enjuiciamiento o la extradición de los autores o de sus patrocinadores y financistas.
Y es que el terrorismo sigue siendo un arma de doble rasero, estimulado como instrumento para derrocar a gobiernos elegidos de forma democrática por sus pueblos.
De ahí que analistas se pregunten si es el consenso internacional en el combate al terrorismo un compromiso serio o es mera retórica.
Siria, Iraq, Somalia, Afganistán, Nigeria, figuran entre los países con más víctimas por terrorismo pero Venezuela, Nicaragua, Cuba, entre otros no escapan a ese siniestro proceder que deja tras sí dolor y muerte.
Condenados en mayor o menor medida, lo cierto es que ese actuar contra uno u otro Estado es intolerable. No existe un terrorismo bueno o uno malo, pero a modo de ver de Washington, promotor de una hipócrita cruzada a partir del 2001, el flagelo tiene sus matices. Así lo afirma el país que alberga a los ejecutores de abominables actos, el que envía drones para asesinar a sus enemigos, el que mantiene cárceles secretas y centros de torturas, el que se expande con bases militares, incluida la enclavada ilegalmente en Guantánamo, en contra de la voluntad del pueblo cubano.
En este día en que la Mayor de las Antillas recuerda a tres mil 478 víctimas del terrorismo de Estado, a los miles de heridos, entre ellos dos mil 99 incapacitados, también reafirma su compromiso en la lucha contra esos crímenes, validado en la ratificación o adhesión a los 12 Convenios y Protocolos internacionales existentes en esta materia y en la promulgación en diciembre de 2001 de la Ley número 93 Contra Actos de Terrorismo.
El pueblo cubano exige justicia y el fin a la impunidad de los grupos terroristas que actúan contra Cuba desde el territorio de los Estados Unidos de América, un estado que atribuye “el terrorismo malo” a aquellas naciones que no se pliegan a sus mezquinos intereses.
Sin moral, la Casa Blanca cada año publica su famosa “lista negra”, en la cual condena a otros e ignora el llamado internacional a que cese la doble moral.
Pese al desenmascaramiento del doble rasero de la cruzada antiterrorista estadounidense, ese país No abandona su política, la cual fracasa frente a los intentos de desestabilizar a este pueblo que reitera su firme posición de lucha contra cualquier manifestación de terrorismo, lo cual se refrenda en el Proyecto de la Carta Magna de la República de Cuba.












