La consulta popular, avanza, con su paso indetenible, ocupando los días, las tardes y las noches de los guantanameros, de los cubanos todos.
Es, de hecho, el proceso político más importante de la nación, el pueblo en calidad de constituyente poniendo mente y ganas en contribuir al proyecto de Constitución de la República de Cuba del futuro, un futuro que es dentro de un año, de dos, un futuro que vivirán nuestros hijos, pero también usted y yo.
Y sí, de todas maneras es posible que usted piense que supeditar el futuro, ese incierto, a un documento jurídico es una frase hecha, que la ha escuchado muchas veces en las últimas semanas, y tiene razón en parte.
Quizás porque es la fórmula más sencilla del periodista, del comunicador, del político para condensar las esencias de este acontecer democrático en el que el país que queremos puede construirse bloque a bloque, artículo por artículo.
Podrá refutarme usted, entonces, que más de una vez lo escrito no ha tenido un buen tránsito a la práctica y con justicia señalar indisciplinas que, a juzgar por las contravenciones y normas en papel de imprenta, no deberían existir pero existen.
Y yo le daría nuevamente la razón. No construimos realmente un país nuevo si elaboramos, enriquecemos y aprobamos, en referéndum, un nuevo texto constitucional. Eso, en la práctica política, es un imposible.
Pero sí ayudamos a construir sus bases, y direccionamos las flechas que nos señalarán el camino hacia donde debemos transitar y, sobre todo, hacia donde no debemos ir. Digamos entonces, con justicia, que con nuestra opinión y nuestro voto ayudamos a fundir los cimientos de la Cuba futura.
De construirla, de hacer que el papel se vuelva práctica, modo de vida, respeto a la institucionalidad, también debemos ocuparnos nosotros porque nada, por lo menos nada de lo mejor de este mundo en materia social, sucede sin lucha y sin trabajo. Pero eso es ya tema de otro comentario.
Hoy, estamos de consulta popular, un proceso donde todos contamos, de modo que a la hora de las verdades y las reuniones, no es suficiente con que la familia mande al padre o a la madre a representar la casa…, porque pueden compartir los mismos valores, pero cada uno es un ser diferente, y así sus sueños, sus realidades, sus aspiraciones, sus necesidades.
A la consulta popular debe ir el jovencito, que seguramente hablará de educación, y de servicio militar, el hombre al que la vida ha enseñado que no es suficiente ser un buen trabajador para vivir una existencia holgada, y el anciano que considera que el cuidado de las personas mayores también depende del incremento de las pensiones…
Y deben hablar todos. Los que tienen detrás estudios para sustentar gramática y oratoria. Y los que no son buenos para esas cosas, pero tienen mucho por decir.
“Todo será recogido, y procesado para que llegue a las manos de la comisión nacional. Las opiniones que más se repiten y las aisladas. Sin excepciones”, han dicho las autoridades al frente de las comisiones temporales para la reforma constitucional. Y hasta ahora, al parecer, así se hace.
Opinar además con sinceridad, con reverencia si se quiere hacia el proyecto y el alto nombre de algunos de los que lo redactaron, pero también con herejía, cuestionamiento, con el pero de las cosas buenas que pueden ser mejores y es la esencia de ese cambiar todo lo que debe ser cambiado que juramos defender hace casi dos años.
No es callados, como vamos a transformar el país donde nacimos, el país que amamos y queremos que sea amable por nuestros hijos y nietos: Hay tiempos en los que decir, es equiparable a hacer. Y este es uno de ellos.












