El 30 de noviembre de 1956 Guantánamo amaneció en pie de guerra. Atrás quedaban arduas jornadas de preparativos, las reuniones con Frank País, el jefe de acción nacional del Movimiento 26 de Julio, había que impedir que los refuerzos destinados al ejército de la tiranía de Fulgencio Batista llegaran a Santiago de Cuba.
Había llegado la hora de apoyar el desembarco del Yate Granma, con las acciones se atraería la atención del enemigo y haría más fácil el arribo a costas cubanas de la expedición comandada por Fidel.
El coraje simultáneo demostrado por los combatientes guantanameros junto a los de Santiago demostró hace 62 años que esta indómita tierra estaba lista, la prácticas de tiro en lugares próximos a la comunidad de La Tinta en Maisí y la finca de Montesano, donde Julio Camacho Aguilera colaboraba como instructor, entre otras acciones, indicaban la disposición de los combatientes.
Fue en el batey del antiguo central Ermita, en el municipio de El Salvador, donde los revolucionarios ocuparon y neutralizaron a las fuerzas apostadas en el cuartel, descarrilaron un tren con ganado y entorpecieron la vía.
Los integrantes del Movimiento 26 de Julio en Guantánamo cortaron las líneas eléctricas, telefónicas y telegráficas que unían al oriente con el resto de la isla e incendiaron el puente ferroviario de Belona, a pocos kilómetros del Ermita.
Guantánamo escribió su propia historia el 30 de Noviembre de 1956 cumplió con la palabra empeñada. Los 32 combatientes y 12 colaboradores lograron paralizar la movilización de las fuerzas de Batista hacia el escenario principal del levantamiento que era Santiago de Cuba.
Así con el brazalete rojinegro en esa vecina ciudad, cientos de jóvenes se lanzaron a las calles, algunos quedaron en el camino como Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá y aunque el levantamiento no cumplió su objetivo principal, sembró la esperanza de un futuro mejor.












