A pocos días de celebrarse en el país las votaciones para refrendar la nueva Constitución de Cuba, se unen a las pláticas diarias de la familia en torno a mi bebé los debates acerca de esta renovada Carta Magna y su impacto en todos los órdenes para la posteridad.
Vivo con dos profesores de Historia, y por supuesto, defienden el valor de una Constitución en los tiempos que corren no solo para la institucionalidad en Cuba, sino como factor de unidad inquebrantable y protección para los más necesitados.
Sin embargo, mi mamá va más allá, ella pondera la importancia de reflejar en la Ley de leyes temas tan sensibles y definitorios como las relaciones internacionales actuales y la continuidad del proceso revolucionario cubano.
Es innegable entonces, la superioridad conceptual de ese texto, su dimensión, madurez y dinamismo social con respecto a la vigente (aprobada en 1976). Responde, en primer lugar, al estudio de documentos similares en nuestro país y fuera de este, a experiencias diarias y reclamos que no tenían un respaldo institucional y, por supuesto, la contemporaneidad y lo que se deriva de ella.
Hablamos, entonces, de marcos legales, derechos refrendados, deberes y garantías: el tan controversial tema de la familia y sus nuevas formas de asumirla, la coexistencia de los diferentes tipos de propiedad, la revalorización de la ciencia, la tecnología, y como soy periodista, no podría sustraerme de los llamados derechos de tercera generación que son incluidos, como el de acceso a la información pública y a recibir información veraz, objetiva y oportuna.
Cada uno de estos, por separado, significa transformaciones culturales y sociales arraigadas por décadas en las mentes de generaciones de cubanos y que se reflejaron en los debates del proyecto constitucional por todo el país.
Sin embargo, todos los criterios se tuvieron en cuenta y una arista importante de la constitución es precisamente no dar la espalda al pasado sino apoyarse en este para, con sus mismas raíces, hacer crecer nuevas ideas. Apostamos entonces por una Constitución que refleje las visiones de los jóvenes para que ellos defiendan el sistema social que los vio nacer y los tiene en cuenta hoy, en la elaboración del documento líder del país.
Todos los medios nacionales e internacionales recalcan como un hecho sin precedente mundial la consulta previa a la aprobación de la nueva Carta Magna por la Asamblea Nacional del Poder Popular el pasado diciembre y que además derivó en más de 700 transformaciones concretas.
Y aunque una de mis propuestas no se concretó en un cambio, todos los criterios fueron escuchados y podríamos decir que todos, o casi todos, de una manera u otra contribuimos a darle una forma definitiva a esa Carta Magna por la que votaremos el próximo 24 de Febrero.
Por eso estoy convencida que, como dijera el actual presidente Miguel Díaz Canel, con la nueva constitución Cuba será un mejor país, más de su tiempo.
Definitivamente con la nueva Ley de Leyes en la mano, cada cubano podría valorar cuan representado se siente y reconocerse en esta. Yo, por el momento, no puedo explicarle a mi hijo Fabio, de poco más de un año, que él también está respaldado por esas hojas con las que solo quiere jugar y cuyo valor real conocerá al transcurrir el tiempo.












