Por estos días, lamentablemente, la ley Helms-Burton vuelve a ser noticia: Trump y su camarilla se encargaron de desempolvar algunos mecanismos del engendro firmado durante el gobierno de William Clinton en el año 1996.
No conformes con las carencias sufridas por este pueblo, como resultado del bloqueo impuesto por el gobierno de los Estados Unidos y endurecido por esta ley, acuden a disímiles mecanismos para doblegar a Cuba y lo que representa.
Recordemos entonces que la Helms Burton refrendó como política de Estado el derecho de fomentar la oposición interna y desarrollar la subversión política, además de incluir la renegociación del acuerdo sobre la Base Naval de Guantánamo, actual centro de torturas y asesinatos.
Sin embargo, la novedad de este despertar de los últimos días está en el artículo III, nunca antes puesto en vigor por ninguno de los presidentes de los Estados Unidos, entre otros factores por su carácter extraterritorial.
Este acápite de la ley establece la autorización de presentar demandas ante tribunales del país norteño contra personas en terceros países que supuestamente “trafiquen” con propiedades estadounidenses que fueron nacionalizadas en Cuba en la década de 1960.
Inaplicable, inconsecuente y absurda son calificativos que concuerdan muy bien con el contenido de estas palabras que ratifican las aspiraciones de Trump de hacer desaparecer el socialismo del hemisferio.
¿Qué significa la puesta en vigor del artículo III de la Ley Helms Burton para nuestra nación a partir del próximo 19 de marzo, plazo previsto? El canciller Bruno Rodríguez Parrilla lo ilustra muy bien en las Declaraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores del 16 de enero de este año.
“Si el título III se aplicara como establece esta ley y amenaza el anuncio del Departamento de Estado, cualquier cubano y cada comunidad del país verían cómo se presentan ante tribunales de los Estados Unidos demandas por la propiedad de la vivienda que ocupan, el centro de trabajo donde laboran, la escuela a la que asisten sus hijos, el policlínico donde reciben atención médica, los terrenos sobre los que se edifican sus barrios; y podrán constatar la pretensión de usurparnos a los cubanos la riqueza del país, la infraestructura, las tierras cultivables, las industrias, los recursos mineros, el potencial energético y las bases sobre las que se desarrollan la ciencia y la tecnología y se prestan los servicios a la población.”
Todo ello resulta inadmisible para el pueblo cubano que ha construido una sociedad socialista, democrática y de derecho sobre las ruinas del neocolonialismo y la miseria dejada por los gobiernos títeres y entreguistas antes de 1959.
Por si no fuera suficiente son otros los tiempos. Países de la Unión Europea, Venezuela, Bolivia y otros se han manifestado abiertamente en contra de la ley pues no están dispuestos a ser sometidos a juicio en Estados Unidos por comerciar honestamente con Cuba.
Afectar directamente las inversiones en nuestra nación y sus relaciones con otros países de todo el mundo e impedir que las organizaciones financieras internacionales nos ofrezcan préstamos son objetivos visibles y demuestran la extraterritorialidad de las decisiones norteamericanas sin el más mínimo respeto por las leyes internacionales.
Especialistas del derecho norteamericano han advertido que el artículo III de la Helms- Burton carece de precedentes legales en ese país y cuestionan que el Congreso asumió una función judicial al decretar que las confiscaciones cubanas fueron ilegales.
Sin duda, los caprichos de Trump están por encima de lo racional, lo legal y lo que debe ser. El y su camarilla están dispuestos a asumir lo que significarían los conflictos de intereses con muchos de sus aliados con inversiones en Cuba o las ambiciosas e interminables demandas de la conflictiva mafia cubano-americana.
La realidad dirá la última palabra. Hoy la aplicación del capítulo III de la ley Helms-Burton forma parte de una escalada neoliberal contra los pueblos del área. La administración de Trump no es la primera en amenazar nuestra soberanía y aquí estamos los cubanos con 60 años de Revolución para mostrar al mundo.