Siempre, en los primeros meses del año pululan en la provincia, y en el país, las asambleas y los balances de los diferentes organismos y entidades; momento en que “se evalúa” el resultado del año anterior.
Muchas veces y muy lamentablemente, llueven en estos encuentros la autocomplacencia y las loas por cumplir, sencillamente con lo que tocaba hacer, y sobre todo abundan las justificaciones por lo no hecho, los compromisos etéreos y los números. ¡Ah, los números!, esos que conforman cifras de planes que casi nunca se parecen a nuestras realidades objetivas o al verdadero aprovechamiento de las potencialidades presentes en el territorio.
Cuantas veces tenemos que oír las redundantes, huecas y justificativas frases de: vamos a reevaluar las condiciones objetivas que nos permitan dar un impulso mayor a tao, tao, tao…tenemos que revisar lo que nos está ocurriendo con el tao, tao… priorizar un nivelito de esto para el tao, tao, tao...
No es extraño tampoco que en el análisis de alguna obra atrasada, se escuche a directivos asegurar que: “mañana llega la rastra” o el también muy común bocadillo: “hoy se sacaron los recursos”. ¡Gran casualidad! Siempre es antes o el día después de la reunión o el chequeo.
Lamentablemente aún persiste en algunos este lenguaje retórico, así como la poca búsqueda de soluciones inteligentes; esas a las que llamaba el Che, para suplir determinadas carencias y falta de medios y equipos. Y quienes no se sientan capaces de cumplir con estas misiones que cedan el puesto a otros más emprendedores.
Más allá de informes bonitos montados en power point, necesitamos que muchos análisis aterricen en la discusión y búsqueda colectiva de soluciones que permitan un avance y desarrollo acelerado de la provincia en todos los órdenes, independientemente de las reales limitaciones materiales y la falta de recursos.
Es cierto que se viven limitaciones de recursos, atrasos de puntuales importaciones y otras razones objetivas en las que, en primerísimo lugar, aparece la hostil guerra económica de los Estados Unidos a Cuba, con un bloqueo financiero que supera ya las seis décadas.
Son realidades a enfrentar y que provocan el incumplimiento de determinada tarea u obra. Es entonces cuando hay que tener la capacidad suficiente para cambiar y adelantar en otras actividades porque la falta de algunos recursos es una cosa y el majaseo y la pérdida de tiempo son otras.
Nada justifica que una brigada completa espere por un soldador para montar unas vigas ¿y mientras tanto? ¿Acaso no se puede botar un escombro o levantar una pared? Por qué no se prevé que los recursos estén al pie de la construcción o extraer todos los bloques que se tienen asignados?. ¿Por qué se espera por determinadas documentaciones que no impiden el comienzo a laborar en una obra?.
¿Por qué es tan mala la elaboración de determinados productos alimenticios si están los ingredientes necesarios? Y sobre todo ¿Por qué son tan malos los servicios que se prestan a la población en entidades de diferentes sectores?
El traje ha de caerle a todo el mundo, desde el obrero ineficiente e irresponsable que no aprovecha su jornada laboral o injustificadamente abandona su puesto, hasta a los jefes y directivos, a quienes la Revolución les confía determinadas responsabilidades, no para vivir de estas, sino consagrados a su labor.
Ellos están en esos puestos para, a cualquier nivel, trazar estrategias, conducir colectivos y procesos, en busca de mayores resultados, sea cual sea la actividad que realicen. Están, en el estricto sentido de la palabra, para dirigir y hacerlo bien, y quienes no sean capaces de cumplir con esta máxima entonces que cedan el puesto a otros, porque lo que no aporta, estorba.
En la dinámica actual que vive el Guantánamo nuestro y la sociedad cubana en general, con la actualización del modelo económico cubano, no puede existir espacio para conformidades y teque y teque. Se acabó el tiempo para la morosidad y las justificaciones.












