Hay poca gente en la cola, así que en menos de veinte minutos entro y compro. Cualquiera diría que es mi día de suerte. Lo que adquirí no es mucho, pero está demasiado húmedo como para cargarlo en la cartera, y va en la mano.
En algún momento, alguien me pregunta si lo vendo. Lo miro con mi peor cara, pero luego caigo en la cuenta de que llevo un pedazo de carne en bandeja sobre mi brazo izquierdo, como si realmente lo ofertara. Ven, coge tu pollo aquí…, así que le muestro el camino del establecimiento estatal y sigo mi camino.
Tres cuadras después, dos pesos a alguien en la calle y ya tengo jabita, de TRD. Eso dicen las letras azules sobre el nylon. Me sonrío y una señora con la que me cruzo en la acera me mira con cara de: esta niña debe estar loca.
Pero quien solo se ríe de maldades, suyas o de otros, se acuerda. En TRD, que ahora se cambió el nombre al más tropical de Tiendas Caribe, no tenían jabas para darme, gratis, en primer lugar, como Dios y el respeto al cliente mandan.
¿Y dónde está la Resolución 54 de Protección al Consumidor? Me pregunta el primer mortal que me escucha la cantaleta. En la Gaceta Oficial del 4 de mayo de 2018, le respondo.
Sin ser ley, la Resolución movió conciencias y responsabilidades. Hubo administrativos que se pusieron las pilas y, en general, podemos agradecer algunos cambios positivos en cuanto al respeto al consumidor a todo el movimiento que siguió a la publicación de esa norma.
Pasado ese punto, convengamos en que no es suficiente. A unos meses de su aplicación, la gente sigue quejándose por el maltrato, por los horarios que no se ponen, por las oficinas de servicios que cierran antes de tiempo sin aviso, por lo que no hay, ni en variedad ni en calidad.
Estemos claros de quien dijo entonces, ahora sí se resuelve esto. Ahora sí, que se pueden acusar a los violadores…, tiene que replantearse el tiempo que soñó mejor, porque en realidad los casos que han ido a la justicia, por lo menos en el Grupo Empresarial de Comercio, son iguales a cero.
Abramos bien los ojos, y démonos cuenta que cada día se escribe menos en los Libros de Quejas y Sugerencias, porque la gente prefiere salir quejándose al viento antes de dedicarle dos minutos a dejar constancia de su inconformidad.
Algunos funcionarios lo justifican con la manera de ser del cubano, otros dicen que falta cultura y que es necesario leer y saber más…, pero la gente en la calle te dice que para qué molestarse, si no van a resolver nada.
Porque lo otro es que, ahora mismo, lo de menos es si te ponen agua caliente en un restaurante o no te ponen ninguna. El problema que mueve las opiniones y malestares por estos días es lo que no hay, la harina, los productos cárnicos, aspectos que también están incluidos dentro de la Protección al Consumidor, aunque no dependan de Comercio.
Y así, entre lo que se puede arreglar y no se arregla y lo que no está en las manos de Comercio, ni del resto de las unidades que venden productos y servicios…, queda el pueblo. Esa que debería estar en primer lugar.












