En los más inhóspitos parajes de la geografía yaterana, encuentras personas que te dan fe de todo lo que se puede hacer cuando se ama la tierra. Magnolia Gamboa Domínguez es por herencia dueña de una porción de tierra que alcanza las cinco hectáreas, área que dedica fundamentalmente a los cultivos varios.
Esta mujer se ocupa de sus padres, del esposo y brinda apoyo a las hijas para que ejerzan sus labores, una como médico y la otra de técnica en estomatología, además de asegurar la continuidad de los estudios de la más pequeña.
Aunque parece algo normal, fue muy emocionante para esta reportera la experiencia vivida en la casa de Magnolia , situada en la Clarita, sitio conocido en el mundo por el lugar que pasa el meridiano 75 de grenguich, el mismo que rige el uso horario en esta parte del Caribe.
Les comento que para esta mujer no hay tarea difícil aun cuando ya remonta los 60 años de edad, realiza las siembras y todo lo que transcurre y antecede a cada cosecha de viandas, café, frutas, verduras y tiene tiempo para atender sus plantas ornamentales.
En su jardín encuentras rosas, gladiolos, orquídeas, extrañas flores y no se cuantas otras variedades, ella habla y muestra con orgullo sus plantas, conoce el nombre de cada especie, con certeza te explica cuando y como tratarlas, en fin te enamoras de todo cuanto hay y te asombras del conocimiento de la yaterana que también es graduada de mecanografía y técnica en electricista y mantenimiento.
Pero la laboriosidad de Magnolia no concluye aquí, en las noches cuando en su vivienda todos duermen, ella busca la paz entre hilos, estambres, ganchillos y agujetas.
De sus manos salen piezas para niños recién nacidos, gorros, abrigos, medias y hasta zapaticos, a eso le puedes sumar tapetes sobrecamas protectores para los muebles en fin todo lo que imagina, para mayor asombro mío afirma que este oficio lo aprendió mirando.
Conocer a Magnolia me permitió respetar aún más a las mujeres del campo, pues no dejan que el trabajo con la tierra haga de ellas seres sin brillo; sino que son ellas las que hacen de la tierra su obra, quienes la hacen resplandecer, además de germinar entre confecciones y amor filial con las mismas manos que labran la tierra.