El respeto entre vecinos, consolida la unidad del barrio… es el eslogan que identifica a una de las organizaciones de masas más antigua del país y que aglutina a la familia cubana, los Comités de Defensa de la Revolución, concebidos en un primer momento para desempeñar tareas de vigilancia colectiva.
Sin embargo, a pesar de este accionar prevalecen las indisciplinas sociales, con ausencia o carencia de normas de educación formal, lo cual trae aparejado la degradación de valores y falta de respeto a nuestros semejantes, que van desde escuchar música en altas horas de la noche a elevados decibeles, hasta atentar contra la higiene ambiental y comunal, el maltrato a la propiedad social y bienes del estado.
El uso de frases y palabras mágicas como buenos días, por favor, disculpe, permiso…esas que endulzan el alma y fortalecen el respeto, pero que hoy en día, solo escuchamos en algunas ocasiones. Será tan difícil poner en práctica esos valores inculcados por nuestros padres y abuelos.
A caso las normas de educación formal, no constituyen el patrón esencial, de una adecuada convivencia social.
Hablar gritando de una acera a la otra, o recordarle jocosamente y de la peor manera su progenitora a alguien forman ya parte de nuestro actuar popular. Asusta ver cómo la mala palabra ha llegado a formar parte de la vida del cubano con una naturalidad asombrosa.
Entonces, porque no afianzar estas normas y valores, que solo consolidan la unidad del barrio, a través del respeto entre vecinos.
La sociedad tiene que unirse para reparar eslabones que se están apartando de la cadena trazada por la buena vecindad y los valores que ha inculcado la Revolución cubana.
Nada justifica que la invasión de ruidos, sea de la procedencia que sea, nos llene de molestias la tranquilidad que necesitamos en nuestras viviendas.
La convivencia entre vecinos es la paz, tratemos que con nuestra conducta no se rompa esa sagrada palabra. Sea entonces el respeto la línea que marque cada hecho diario para no perder los estribos y el sosiego.












