Cualquier hecho trascendental o eventualidad que ocurra en un lugar, territorio o país debe siempre servir para evaluar cuán preparados estamos para enfrentarlo, desde nuestra posición como individuo hasta el nivel de grupo poblacional o sociedad.
Lo vivido en las últimas jornadas viene a reafirmar una reiterada verdad, que muchas veces los que habitamos esta Isla no valoramos en toda su dimensión: el país y su pueblo están preparados y tienen una cultura de la resistencia.
Contar con un pueblo culto, educado, en un proceso de construcción de enseñanza colectiva que tuvo su génesis en aquella luminosa campaña de alfabetización y se consolidó en décadas, es un logro de la Revolución, que no puede ser minimizado por sus detractores.
Quien recorrió campos y ciudades los días miércoles y jueves en el horario del espacio informativo Mesa Redonda, pudo palpar como la mayoría de las familias cubanas detuvo sus actividades para ver y escuchar al Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y a quienes lo acompañaron en explicar la situación energética que atravesamos, así como su génesis, la forma de enfrentarla, y el rumbo a seguir, incluso cuando salgamos de la crisis.
Pienso que como revolucionarios, más allá de mostrar las medidas que oportunamente se adoptaron y su correcta ejecución en los territorios. Debemos también concentrarnos en analizar lo consciente y rápido que tenemos que ser en hacer lo que nos toca a cada cual desde nuestras responsabilidades familiares, laborales y sociales.
Esta idea cobra fuerza, mientras se escuchan las intervenciones de los principales dirigentes de la Revolución en los últimos tiempos y sobre todo en el amplio respaldo popular al proyecto social que colectivamente construimos, máxima que llamamos “Pensar como País”, y que también se traduce en ser ágiles en el desempeño diario de nuestras funciones y no esperar a que nos digan lo que sabemos es nuestro deber.
Eso en buen cubano se llama coger rápido la seña, sobre todo por aquellos que tienen la obligación de ver más lejos, ser previsores, pues para algo están al frente de determinadas responsabilidades.
Es cierto que muchas cosas que ahora se adoptan en materia de ahorro de portadores energéticos y en viabilizar en lo posible los servicios a la población fueron perfectamente previsibles, lo cual hubiera contribuido a “estirar más el combustible que tenemos”.
No había que esperar que el Presidente Díaz Canel, siendo fiel a la savia bebida del legado del Comandante en Jefe, llamará a ser sensibles y facilitar la vida a la población, acercar los servicios, que los choferes paren, en fin todo lo que se hace ahora como respuesta.
Pero no se trata ahora de pretender la búsqueda ilógica de culpables, ni solo ver “a ciegas” las manchas en el sol, más allá de la luz. Lo que toca ahora es ser creativos, precisos y oportunos en nuestro diario accionar, desde la posición social que tenemos. Eso espera la Revolución de sus hijos, y en situaciones como estas no hay tiempo para las morosidades, cojamos rápido la seña.












