Los tambores de la guerra nunca sonarán más altos que los de la paz. Esta no es solo una fugaz afirmación, se necesita mucha voluntad, proyección política y acciones para echar por tierra las amenazas a la seguridad en distintas regiones del planeta.
Cualquier día puede hablarse de coexistencia pacífica porque en cada jornada son miles de personas que pierden la vida sin ver realizado uno de los más elementales derechos humanos: Vivir en Paz.
Destrucción y muerte provocados por conflictos armados, maltratos en campos de refugiados, violaciones contra migrantes, armas nucleares que harían volar al mundo con solo apretar un botón, abandono de pactos internacionales que abren la brecha para desatar una guerra, así anda el mundo asolado de calamidades.
Si hablamos de la guerra en cifras, podemos citar a lugares tan lejanos como Sudán del Sur, con la mayor cantidad de víctimas mortales en el siglo XXI, Siria, donde vivían 20 millones de personas, de las cuales, según informes han muerto 278 mil.
En un entorno más cercano, México con más de 200 redes de narcotráfico y en esa lucha contra ese flagelo desde 2004 se contabilizan al menos 100 mil fallecidos o Colombia con más de un centenar de líderes sociales asesinados solo en este año y donde se reclama la necesidad de retomar los Acuerdos de Paz y que decir de los Estados Unidos, país donde mueren cada año más de 33 mil 800 personas por disparos de armas de fuego
En contraste con ese panorama internacional desolador, se torna cada vez más imprescindible la lucha por un mundo más seguro, lo cual significa más que la ausencia de guerras y conflictos, es el derecho de los seres humanos a materializar sus proyectos, gozar de una supervivencia digna y sostenible.
En tal sentido falta mucho por hacer aún cuando existen numerosos instrumentos internacionales, muchas veces violados por países que lo suscriben y en la práctica recrudecen bloqueos, imponen políticas neoliberales y atizan las condiciones para propiciar estallidos sociales convenientes a sus intereses hegemónicos.
Hoy sucede así en Venezuela que enfrenta un asedio constante por parte del imperialismo yanqui en su objetivo de asfixia económica y una belicosa escalada que amenaza a toda Nuestra América, proclamada como Zona de Paz, uno de los acuerdos de la segunda cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños efectuada en La Habana en enero de 2014.
Cuba junto a países y movimientos sociales defensores de la justicia y la solidaridad entre los pueblos reitera en cualquier tribuna su rechazo a la intervención en los asuntos internos de otras naciones a la vez que reclama el fin del bloqueo agudizado en los últimos tiempos, cuyo carácter extraterritorial incrementa sanciones a entidades bancarias, financieras y comerciales de terceros países.
Llegamos a este Día Internacional de la Paz, conscientes que sin ésta no habrá justicia social ni desarrollo económico social al cual aspiramos, una paz que beneficie a todos por igual con un nuevo orden internacional, en el cual se reduzca la brecha entre ricos y pobres, solo así disfrutaremos de un mundo más seguro












