Fidel me hipnotizó

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Fidel.imgCorría el año 1994, y era yo entonces, un irreverente estudiante universitario, que se resistía a la academia y andaba más pegado a las peñas del Cabildo Teatral Santiago, y a los temas de Varela, Santi Feliú, Frank Delgado y por supuesto Silvio, siempre Silvio.

 Hacía una semana que las prácticas profesionales pedagógicas de tercer año habían iniciado, y a mí, junto a dos colegas, nos tocaban en una escuela primaria ubicada en la comunidad de El Dajao, en el histórico poblado de Boniato, cercano a la Ciudad Héroe de Cuba.

Confieso que estaba un poco ajeno a las noticias y de que por esos días se realizaban los recorridos de los propuestos a Diputados al Parlamento cubano, razón por la cual Fidel estaba en Santiago de Cuba, y que ese día, no recuerdo la fecha exacta, el Comandante en Jefe estaba en la zona de Boniato.

A la escuela llegué temprano en mi fiel bicicleta china, ganada por la FEU. Inmediatamente supe que no había clases pues se esperaba que el Jefe de la Revolución, llegara hasta El Dajao e inaugurara un círculo social; eran de las cosas que a nivel comunitario se podían hacer en uno de los momentos más duros del Período Especial.

Recuerdo decirles a mis compañeras de estudios “vamos a apartarnos un poquito de la multitud que si Fidel viene, esto se llena” y prestos nos colocamos cerca de unas viviendas donde pudiéramos ver bien.

Al cabo de unos minutos comenzaron a llegar aquellos yipis rusos, y en el segundo de estos, en el asiento delantero, al lado del Chofer, venía Fidel.

Desde ese momento todo fue medio confuso para mí, y mis ojos no lo perdieron un instante; aquellos vehículos dieron unos giros, y no sé cómo ni cuándo El Comandante se bajó y quedó exactamente frente a mis amigas y a mí.

Lo vi Grande, muy grande con su piel rosada y su traje verde olivo.

Enseguida en su diálogo permanente con el pueblo, en algún momento y poniendo sus largas manos en nuestros hombros preguntó qué hacíamos y le explicaron – yo no, no pude hablar-  que estábamos en las prácticas docentes, razón suficiente para disertar sobre la educación en Cuba, y como había que preservar esa conquista por duros que fueran los tiempos.

Luego se marchó. ¿Qué tiempo lo tuve en frente? No lo puedo asegurar, yo estaba bloqueado, perplejo, mudo, no sé. 

Por años anhelé un diálogo con él, aprovechar esa oportunidad increíble. Cómo no haberle robado unas declaraciones, un abrazo, pero entiendo que no estaba preparado, creo incluso que si hubiera tenido otra, me hubiera pasado lo mismo. La razón profunda y sencilla: tuve por minutos a la historia frente a mí, Fidel me hipnotizó.         

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