Todavía hoy persiste el dolor que causó el ataque, que cobró más de 3000 vidas, en la población estadounidense y en el mundo. Un sufrimiento que fue usado como pretexto para la expansión de Estados Unidos con fines hegemónicos, porque el 11 de septiembre marcó un antes y un después de la política exterior de esta potencia mundial.
Contradictoriamente a lo que postula, Estados Unidos, el supuesto ángel de la paz y la democracia, ha apoyado el terrorismo de Estado, intervenciones militares y ha financiado a grupos terroristas islámicos para causar el desequilibrio en naciones árabes como fue el caso de Siria.
El comandante Fidel expresaba, en el mismo discurso citado anteriormente, que el 11 de septiembre debía servir para crear la lucha internacional contra el terrorismo, la cual se basaría en poner fin a los genocidios, al terrorismo de Estado y seguir una política de paz y respeto mutuo, no de imitar a los agresores y sacrificar a inocentes.
“El mundo no tiene salvación si no sigue una línea de paz y de cooperación internacional”, afirmaba de manera contundente.












