El Proyecto de Constitución de nuestro país está en la calle. En cualquier espacio público el cuerpo legal es motivo de reflexión popular y casi todos tienen sus propios criterios. No creo equivocarme si digo que en los últimos días se ha convertido en uno de los principales temas de conversación.
Es evidente que el documento se estudia y analiza. Y no son pocos los que llegan a las reuniones de consulta con sus criterios anotados y muy bien argumentados según sus puntos de vista; y hasta hacen disertaciones acerca de los pros y los contras del contenido de alguno de los artículos.
Y es muy bueno que así sea porque denota que, en sentido general, los cubanos han concientizado la importancia que tiene participar activamente en los encuentros de análisis. Exponer ideas nuevas, opinar sin límites, sin sonrojarse y sin sentir la mirada crítica del de al lado, es lo que en Cuba está sucediendo. Porque se trata de entre todos, construir el texto constitucional definitivo que servirá de brújula para el ordenamiento de nuestra sociedad.
Exigir que los que arrojan a la calle desechos de cualquier tipo sean multados con severidad; que los cubanos residentes en el exterior puedan participar en el desarrollo económico de la nación a partir de inversiones; la obligatoriedad jurídica de los hijos de cuidar y velar por los padres y ancianos y la preocupación por la desaparición de las asambleas provinciales del poder popular, constituyen un pálido reflejo de las dudas y propuestas de modificaciones que por estos días hacen los ciudadanos. Aunque también hay quienes expresan su desacuerdo con muchos de los postulados del Proyecto de Constitución.
No obstante manifiestan que se trata de dejar a un lado el individualismo y pensar en lo mejor para la sociedad y que el Proyecto a consulta fortalecerá las garantías y derechos de los ciudadanos.












