Casi se extrañan esos días en los que el peor hábito a la hora de escuchar música eran aquellos audífonos que convertían, sobre todo a los más jóvenes, en entes sordomudos en la vía pública, con todos los riesgos que eso implica.
Ahora, una imagen en internet con una joven risueña extendiendo un par de estos accesorios y que reza: regálale un par de audífonos a un reguetonero, es la síntesis del nuevo problema.
El tema no es la salud auditiva de quien decide escuchar música con audífonos indiscriminadamente y a altos volúmenes…, sino la de quienes no pedimos escuchar nada y somos agredidos, sí, agredidos por el estruendo de otros.
Ya no es un caso aislado ver esos bafles ambulantes, con colorines o en sobrio negro, desandando las calles en las manos, bicicletas o autos, a todo volumen.
En un día, he contado hasta cinco solo en el trayecto de mi casa al trabajo y viceversa.
A veces, son como aves pasajeras, que pasan y siguen de largo, pero en otras permanecen, exigiendo ser vistos y, sobre todo, escuchados. Los sufro en parques, en las afueras de hospitales, en actos, en instalaciones deportivas, a cualquier hora.
En ocasiones, no llevan el volumen tan alto……, pero la mayoría de las veces sí, por donde pasan hay que voltearse a mirar, hay que hablar más alto, hay que escuchar aunque no quieras.
Pero la agresión se completa cuando lo que se “comparte” bafle mediante es también violento, y casi siempre lo es: el trap de malas palabras, drogas, comportamientos misóginos, el reguetón más descarnado…
Lo peor es que estos musicalizadores improvisados, lo saben, como saben además que difícilmente serán requeridos por estos comportamientos aunque en la ley existen acápites que bien podrían aplicárseles.
Tampoco la molestia casi generalizada que provocan no pasa casi nunca del reproche en voz baja y eso, es también una patente de corso.
Es un asunto de todos, a fin de cuentas, no dejar el espacio público a manos de estos tiranos del ruido, que necesitan sí, un buen par de audífonos pero sobre todas las cosas, el rechazo explícito y contundente de quienes defendemos el frágil pero valiosísimo silencio público.![]()












