Guantánamo.- El silencio de las cumbres se quiebra con el eco de un machete contra la hierba. Aquí, donde más del 70 por ciento del territorio es inclinación y nube, el tiempo no transcurre: se acumula en terrazas de café, en ruinas francesas y en la piedra que aún guarda el calor de la guerrilla.

Este 2 de junio, mientras el país recuerda la creación del Programa del Plan Turquino por el General de Ejército Raúl Castro Ruz en 1987, el municipio El Salvador no solo celebra 39 años de aquella visión integral para la montaña: reafirma que su identidad es, ante todo, resistencia geográfica e histórica.

Fue en esa fecha de 1987 cuando Raúl Castro firmó el acta de nacimiento del ambicioso programa pensando en los parajes más apartados de Cuba.

Pero la semilla ya germinaba en El Salvador desde mucho antes. Apenas a unos kilómetros, en el Aguacate de Monte Ruz, el mismo Raúl había fundado el 26 de marzo de 1958 la Primera Comandancia del Segundo Frente Oriental “Frank País”. Aquel puesto de mando se convirtió en el corazón de la rebelión que abrió el camino hacia el oriente liberado.

En las Comunidades de Yambeque y La Indiana, el tiempo se detuvo en el siglo XIX. Allí se alzan las ruinas arqueológicas de los cafetales franceses, Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Sus piedras, devoradas por la vegetación pero todavía firmes, narran la epopeya de esclavos y colonos que trajeron los granos de café arabiga a estas lomas.

Si hay un lugar donde la geografía se hizo verbo, ese es el Realengo 18. Estas montañas aún susurran el nombre de Lino Álvarez de las Mercedes, el campesino que encabezó las luchas por el derecho a la tierra décadas antes del triunfo revolucionario.

El Plan Turquino encontró en las tierras realengueras un suelo ya abonado por la rebeldía; por eso, los frutos de hoy café orgánico, miel de abeja y plátano vianda saben a justicia diferida.

En Limonar, a 800 metros sobre el nivel del mar, no sólo se tuesta el grano. Allí funciona el Centro de Investigaciones Científicas, un pequeño gran laboratorio donde se estudian suelos, variedades de café y técnicas de conservación, además de la biodiversidad ecológica del macizo Nipe- Sagua Baracoa y otras regiones del país.

En comunidades como San Fernando, Bayate, Sabaneta, Palizada y La Escondida, la jornada empieza antes del alba con el empeño de campesinos cuyos rostros, hace más de tres décadas, recibieron con escepticismo las primeras brigadas del Plan Turquino.

Hoy, al cumplirse 39 años del programa en toda Cuba y especialmente en el municipio El Salvador, la tierra es vértigo y leyenda: la iniciativa ha transformado el paisaje y demuestra que, cuando la Revolución promete llegar hasta lo más alto, no se rinde ante la pendiente.