Con sus deseos de vivir, fuerza de voluntad y espíritu positivo, Ana María Charon se levanta todos los días lista para obtener los frutos de la tierra en la producción de ganado menor y cultivos como el frijol.
Ella no teme al cáncer de mama que padeció hace unos años ni a los embates de la sequía y elevadas temperaturas que imponen grandes desafíos a los trabajadores agropecuarios del territorio guantanamero de Niceto Pérez, afectado severamente por ese fenómeno global.
Antes, con un pelo que le llegaba a la cintura y ahora corto, esta guantanamera mantiene su feminidad, autoestima y continúa sus labores agrícolas.
Ana María es dueña de su tierra y la única mujer en su hogar, donde comparte las tareas y decisiones junto a su esposo y tres hijos, en igualdad de condiciones.














