Pandemia contra tradiciones: Una pausa obligada

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cotidianidadDesde el pasado año un virus transmuta la vida de la humanidad pero, sin dudas, para el cubano impone grandes cambios en sus rutinas, marcadas por tradiciones de sociabilidad que no concebían un saludo sin besos o apretones de manos, o una conversación sin tocar a participantes.

La celebración de fiestas, visitas a familiares o amigos y la concurrencia a funerales para acompañar a dolientes, son ahora costumbres peligrosas a la salud, los bolsillos y la censura social, debido al poder contagioso del coronavirus.    

Hoy la norma asigna más roles a los ojos tras la exoneración de la sonrisa, atrapada por una mascarilla, y exige nuevas maneras de ejercer el trabajo estatal o por cuentapropia, a la vez que destierra las diversiones en clubes, cenas en restaurantes o estancias en parques.          

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Es mucho para asimilar, cierto, pero los cambios también tienen su encanto, visto desde el hecho de mantenernos sanos y también a los amigos y familia.

Quienes perdieron a seres queridos por Covid19, los que padecieron la tensión por la enfermedad de parientes o amigos, aquellos que contaron minutos cual horas para conocer resultados de sus PCR, los que sienten sus secuelas y los que ahora mismo rezan para no sufrirla, saben escoger.  

Muchos captaron la lección y eligen mostrar sus afectos por disímiles vías comunicativas que van desde creativos mensajes en las puertas de las casas, llamadas telefónicas, saludos desde balcones o creación de grupos donde publican fotos, textos y recuerdos en redes sociales.

En tiempos pandémicos los cubanos estamos obligados a poner en espera esos abrazos y pláticas sin distancias, esas colas apretujadas, los toques innecesarios, y en especial, los retozos de los niños en las calles.

El reloj de la vida marca el valor de la responsabilidad cotidiana y los números de contagiados hoy en Cuba, en Guantánamo, dictan nuevas maneras de relacionarnos, trabajar, coexistir. 

Pandemias de otros siglos duraron unos cuantos años, borraron millones de vidas y la gente tuvo que asumir cuidados y cambios en sus rutinas para sobrevivir.

Registros históricos de salud recogen datos de pandemias temibles como la peste y la viruela, esta última circuló unos 3 mil años, en el siglo 20 provocó 500 millones de muertes y en 1978, hace 43 años, fue erradicada.

El virus de la gripe española duró desde finales de 1917 hasta 1920 y mató también a millones, mientras que la influenza H1N1 se propagó entre 1918 y 1919 con, al menos, 50 millones de decesos.

Por todo ello debemos controlar nuestro comportamiento y reducir la exposición a riesgos, más en el caso del silente coronavirus. 

Resiliencia es la palabra clave: adaptarnos para reducir la dominación viral que asusta, agota y mata.

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