José Martí es un hombre de todos los tiempos. A 167 años de su natalicio constituye fuente de inspiración y enseñanza pues su prolífica obra se nos revela en presente para defender este proyecto social que construimos con todos y para el bien de todos.
El Apóstol de la independencia cubana es guía espiritual de la nación, símbolo de la lucha por el mejoramiento humano, por un mundo mejor y más justo, prédica martiana latente en medio de los desafíos que hoy enfrenta Nuestra América en su lucha contra el injerencismo imperialista.
Y es que cada 28 de enero renace el más universal de los cubanos, NO solo por los homenajes de una sola jornada, sino en el actuar diario de cubanas y cubanos que hacen lo correcto ante cada circunstancia, asumiendo el ejemplo del Héroe, quien legó la manera oportuna de luchar en cualquier escenario.
Para dicha de los guantanameros, la historia nos une muy de cerca con el hombre de profunda vocación humanista y antimperialista que es Martí. El desembarco por Playita de Cajobabo hace 124 años marca la fecha más importante de nuestra provincia, al iniciar aquí el Apóstol la llamada Ruta de Gloria, aquí durante 20 días transita por intrincados parajes y es ascendido a Mayor General del Ejército Libertador.
Otros nexos unen a José Martí con Guantánamo pues desde esta localidad se distribuyó por primera vez en Cuba la revista infantil, La Edad de Oro, enviada desde Nueva York, donde comenzó a publicarse en 1889.
Se cuenta además que contaba con un hacha taína regalada por su amigo de la infancia Fermín Valdés Domínguez, quien se radicó por mucho tiempo como médico en Baracoa. El Maestro usaba la herramienta en su oficina como pisapapel y en ocasiones la acariciaba para expresar: “Toco esta hacha y toco a Cuba, porque Cuba es nombre taíno y todos los cubanos somos taínos en nuestro nombre”.
Y así cualquier detalle le recordaba a su Patria porque el Héroe Nacional de Cuba dedicó cuerpo y alma a lograr la independencia de la tierra que lo vio nacer y por eso siempre llamó a levantar el ánimo ante los fracasos, porque como él mismo confesara estaba lleno de fuego, y de fe sensata en la cercanía y posibilidad de nuestra obra por sobre los muchos obstáculos que se presentan.
A 167 años de su natalicio Martí siempre señala el camino y devela las claves de la necesaria unidad e integración, de la defensa de los valores identitarios para preservar la cultura bajo la máxima de que la mejor manera de decir es hacer, un lenguaje que no envejece a la luz de nuestros días.














