Por estos días en la 73 Asamblea General de Naciones Unidos, mandatarios de todos los continentes expresaron su rechazo al bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos contra la Cuba, política injusta, inmoral, absurda y extraterritorial.
La abrumadora posición de la comunidad internacional al lado de la isla demuestra que no estamos equivocados, al exigir el fin de la aplicación unilateral del bloqueo, considerado el de mayor duración en la historia y que menosprecia también el derecho de otras naciones de invertir y desarrollar relaciones económicas con la Mayor de las Antillas.
La confirmación más reciente de esta idea fueron las conversaciones del Presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez con directivos de la Asociación Nacional de Departamentos de Agricultura de Norteamérica, a quienes les aseguró que once millones de personas no es un mercado a desaprovechar, dejando así abiertas la posibilidad de un intercambio que igualmente beneficiaría a los Estados Unidos.
Y es que sacando cuentas claras, las ventas agrícolas del país norteño están en su peor nivel en los últimos 12 años y Cuba bien podría invertir buena parte de los mil 800 millones de dólares que gasta en la adquisición de alimentos anualmente… pero el Bloqueo No lo permite.
Vigente por casi seis décadas, los daños acumulados por la aplicación de esa política genocida hasta marzo del actual año alcanzan la cifra de 933 mil millones 678 mil dólares. La cifra dicha así y aunque astronómica no ilustra el verdadero impacto del bloqueo, cuyo fin es rendir por hambre y desesperación a nuestro pueblo soberano, resistente, admirado por su capacidad creativa y el respaldo a los más necesitados de este mundo.
Y en este largo camino, que Fidel advirtió no sería fácil, nunca ha sido fácil, aflora esa continuidad en el pensamiento y la acción, en las palabras de otras generaciones de cubanos, la misma exigencia de poner fin a esa persecución incesante y en la voz de la ONU, los mensajes de rechazo al cerco impuesto por los Estados Unidos contra Cuba.
Esa ola de solidaridad que se aviva por estos días en Nueva York, la agradece en cada tribuna el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez con su mensaje de paz, unidad, con la convocatoria al diálogo sin condicionamientos, presiones ni hostilidades porque, a pesar de todo como él mismo expresara: ¡Aquí está la Revolución cubana, viva y pujante, fiel a sus principios!.















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