Toda profesión, para ser ejecutada con altura, requiere la entrega, el compromiso y una total identificación con lo que se hace. Sin embargo, aquellas que tocan directamente la existencia del ser humano, que lo tienen como centro de su quehacer, exigen, sobre todas las cosas, la mayor sensibilidad.
Dígase Enfermería y se hablará de esa noble cualidad en quienes la ejercen, porque ellos y ellas saben como nadie lo que significa una mano cálida para aliviar el dolor, a la par de un medicamento, o lo mucho que consuela una palabra tranquilizadora en medio de los avatares de una sala de hospital, ante la incertidumbre de un familiar que padece, o en el contacto diario desde todos los servicios de Salud, para los cuales es imprescindible su presencia.
Qué habría sido de esta humanidad sin los millones de enfermeras y enfermeros que han volcado sus días a la lucha contra la pandemia, muchos de los cuales engrosan hoy las listas de los fallecidos en el cumplimiento del deber.