Según reporte oficial cerca de cuatro mil 400 guantanameros, alrededor del 95 por ciento de los diagnosticados en esta provincia con la COVID-19, se han recuperado hasta la fecha desde que el 29 de marzo de 2020 se detectara el primer local infestado con la contagiosa enfermedad, 18 días después de confirmados los iniciales casos en Cuba.
Igual millares son hoy aquí los que expresan su gratitud por haber librado el difícil momento bajo el profesional amparo del humanista sistema de Salud cubano, como es el caso, entre tantos, de la pedagoga local Iraida Herrera Cabrales, aislada y atendida en abril último, junto a sus hijos y esposo, tras dar positivos dos de ellos y luego ser confirmados cuatro miembros de la familia.
A esta guantanamera de 51 años de edad, la mitad dedicados al magisterio, aquellos días de ingreso e incertidumbre le marcaron la vida -dice-, pues ella y sus seres queridos se enfrentaban al temido virus, de alta letalidad entre adultos con comorbilidades o padecimientos crónicos no transmisibles, como la diabetes y la hipertensión arterial que la aquejan desde hace ya unos años.
Mirando en retrospectiva y en entrevista a la Agencia Cubana de Noticias recuerda que sólo algo la reconfortaba y levantaba su optimismo: estaban en manos de toda la capacidad y despliegue de la medicina cubana, cuyos profesionales no han descansado hasta hoy encarando a la pandemia, al pie de los más vulnerables, entregando esfuerzo y vida por la salud de los demás.
Rememora ahora el agobio de aquellos 20 días eternos, en aislamiento y luego en el Hospital general por su condición de riesgo y presentar neumonía, el desvelo por los suyos en recintos distintos; pero también nos habla del esmerado tratamiento, la solidaridad imperante allí, y afuera el apoyo de sus colegas de la Escuela Pedagógica, siempre al tanto de su evolución y ánimo.
Hoy casi un mes después -nos dice- aún asiste a las consultas de seguimiento postCOVID-19 y da las gracias a los especialistas, tanto a los de la red hospitalaria como a los de atención primaria, inicial eslabón de todo el sistema que este año revirtió la situación epidémica de Guantánamo, que pasó de ser la provincia más compleja a una de las de menor tasa de incidencia en Cuba.
Se mantienen activos en el territorio cuatro Centros de Aislamiento y asistenciales para casos positivos a la COVID-19 y una veintena para contactos y sospechosos, recintos cada vez más ajustados a las condiciones clínicas de los ingresos y cuyo reto diario es perfeccionarse como verdaderos hospitales de campaña, tanto en la funcionabilidad como desde el punto de vista logístico.
Existe además en la provincia la infraestructura certificada, los recursos terapéuticos, el equipamiento de soporte de vida, personal con experiencia nacional e internacional y un área hospitalaria de vigilancia intensiva (dedicada a las personas de alto riesgo), donde está el potencial para evitar, con eficiente protocolo, que éstos desarrollen formas graves de la enfermedad.
Con la propiedad de quien ha sido testigo, de todo ello comenta la maestra Iraida, una entre las decenas de miles de cubanos que han librado la enfermedad y que hoy, tras su experiencia, hace un llamado al pueblo a una mayor consciencia del autocuidado, para salvaguardar a la familia y honrar al meritorio ejército sanitario que en primera línea de combate salva vidas, a riesgo de la propia.
Sea ese -dijo- nuestro homenaje a estos valientes: a los que ahora laboran en la Isla e igual a aquellos miles que ofrecen su servicio en otras regiones del orbe, como parte de la colaboración médica internacionalista cubana, que este domingo 23 de mayo cumplió 58 años de entrega altruista y de solidaridad con los pueblos.