Los seres humanos tenemos la costumbre de pensar que nuestros hogares son los espacios más seguros donde podemos estar. Sin embargo, al menor descuido ese espacio aparentemente tranquilo, confiable y sin peligros, resulta escenario de inesperados acontecimientos que tornan grises los días de cualquier familia, sobre todo, para algunos niños y ancianos, víctimas de accidentes domiciliarios.












