Cuatro años después, el atentado terrorista contra la embajada de Cuba en Estados Unidos sigue impune, ratificó hoy el colectivo de la sede diplomática al recordar lo ocurrido el 30 de abril de 2020.

Reunidos en la sede diplomática, en Washington, su colectivo recordó este martes lo ocurrido aquella madrugada. En un acto en el segundo piso del edificio, donde están las huellas de algunos de los disparos, reiteraron su rechazo al terrorismo que, por décadas, ha sufrido el país caribeño.

“Es inconcebible cómo el autor de este ataque terrorista todavía no ha pagado ni ha sido condenado”, expresó a Prensa Latina Asdrúval de la Vega, segundo secretario de la embajada de Cuba.

El diplomático, quien fue testigo de lo hechos, dijo que en “aquel momento el gobierno de Donald Trump no emitió ninguna comunicación a nuestra embajada lamentando este acto como lo que realmente fue: terrorismo”. “Como joven cubano para mí el terrorismo era algo que estaba en los libros de historia, era algo que veía bastante lejano porque no lo había vivido”, añadió.

Pero ese día acá -enfatizó- nos recordó a todos, en particular a los más jóvenes cómo los enemigos más acérrimos de la revolución todavía son capaces de acudir a estos hechos, los más violentos y los más aborrecibles con tal de destruir a la Revolución.

Aquel 30 de abril, un ciudadano de origen cubano identificado como Alexander Alazo disparó 32 proyectiles de un fusil semiautomático de asalto contra el edificio de la representación diplomática de La Habana.

En plena calle 16, una de las más transitadas y populares de Washington DC, el perpetrador abrió fuego contra el edificio de la embajada, donde se encontraban 10 funcionarios cubanos, lo cual puso en peligro las vidas y la seguridad del personal de la Misión, subrayó De La Vega.

Según se conoció, Alazo planificó el atentado con suficiente tiempo de antelación y era poseedor de una licencia para portar armas. Era dueño de una pistola marca Glock, y previo al ataque obtuvo un fusil AK-47 y dos semanas antes visitó el área con fines de exploración.

Los informes demostraron que ese individuo se trasladó desde el estado de Pensilvania con el arma y las municiones hasta donde está ubicada la embajada de Cuba.

Una denuncia inmediata de las autoridades cubanas expresó que el Gobierno de Estados Unidos incumplió su obligación de prevenir este ataque del cual había señales suficientes.

Existe un historial serio de actos violentos y hostiles, incluidos actos terroristas contra funcionarios diplomáticos designados en Estados Unidos, tanto en la sede de Washington como en la Representación Permanente ante las Naciones Unidas en Nueva York.

En las calles de Nueva York fue asesinado el diplomático cubano Félix García el 11 de septiembre de 1980 y están documentados ataques directos con artefactos explosivos contra la sede de la Misión Permanente de Cuba en esa ciudad.

Como resultado de los impactos de aquel 30 de abril, se reportaron daños materiales a la embajada y las marcas que se conservan son un permanente recordatorio de que ello fue resultado directo de la histórica política hostilidad de Washington hacia la isla que alienta este tipo de acciones.

En septiembre de 2023 otro ciudadano atentó contra la embajada de Cuba al lanzar cocteles Molotov. Nadie ha respondido tampoco.

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