Pensaron sus asesinos que al derrumbarlo físicamente, matarían su ejemplo, pero el Che devino en símbolo de varias generaciones en el orbe.

Recoge la historia que los días 8 y 9 de octubre de 1967 en la escuelita de La Higuera, Bolivia, sus captores no se atrevían a dispararle.

Su mirada penetrante aún en medio de esas condiciones, baleado en una pierna, con su arma inutilizada, pies casi descalzos, melena y barba rebelde,aún así, sus enemigos sabían que el Guerrillero seguía invicto.

La orden cobarde de ultimarlo llegó de la Agencia Central de Inteligencia y el Gobierno de Estados Unidos y luego el enterramiento secreto de sus restos,con lo cual  intentaron sepultar su ejemplo.

Pero para Cuba y el mundo, el Che legó un ideal de justicia, de internacionalismo y antiimperialismo.

Su pensamiento marxista y de revolucionario cabal es guía en la resistencia de la Revolución cubana frente a la creciente hostilidad de Estados Unidos por más de seis décadas.

Hoy, recordamos su ideario y accionar que sigue vivo en el alma del pueblo cubano.

Su estrella sigue iluminando a un mundo lleno de injusticias , donde la integridad, la valentía, el desprendimiento personal, el empeño constituyen poderosas armas para transformar la realidad.

El Comandante en Jefe Fidel Castro al referirse al Guerrillero Heroico expresó: «Che fue maestro y forjador de hombres como él. Consecuente con sus actos, nunca dejó de hacer lo que predicaba, ni de exigirse a sí mismo más de lo que exigía a los demás”.

Con una actitud siempre consecuente con sus actos, el Che nacido en Argentina se hizo nuestro a partir del momento en que conoció a Fidel y se unió a la lucha de un pueblo que lo considera un hijo más.

En estás tierras descolló su arrojo en los combates hasta ganar los grados de Comandante, momentos como la invasión de oriente a occidente, la batalla de Santa Clara, tuvieron su protagonismo hasta lograr la verdadera soberanía de Cuba.

Luego vinieron otros momentos que pusieron a prueba su valor como hombre nuevo, tal es el caso de su desempeño al frente del Banco Nacional de Cuba, ministro de Industrias y representando a Cuba en fotos internacionales.

Esa pasión revolucionaria de  Ernesto Guevara de la Serna es la que debe acompañarnos hoy en el necesario proceso de cambio que implementa el país con las transformaciones económicas y sociales.

Él creyó en la clase obrera y en el poder del pueblo, su inteligencia visionaria y profunda cultura política lo hicieron creer en el mejoramiento humano y en la lucha por el bienestar de todos.

Hoy que rendimos especial homenaje, qué mejor recordarlo con estos vetsos del poeta nacional Nicolás Guillén.

Che comandante

No porque hayas caído
tu luz es menos alta.
Un caballo de fuego
sostiene tu escultura guerrillera
entre el viento y las nubes de la Sierra.
No por callado eres silencio.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerios, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos,
Che Comandante,
amigo.
Norteamérica ríe. Mas de pronto
revuélvese en su lecho
de dólares. Se le cuaja
la risa en una máscara,
y tu gran cuerpo de metal
sube, se disemina
en las guerrillas como tábanos,
y tu ancho nombre herido por soldados
ilumina la noche americana
como una estrella súbita, caída
en medio de una orgía.
Tú lo sabías, Guevara,
pero no lo dijiste por modestia,
por no hablar de ti mismo,
Che Comandante,
amigo.
Estás en todas partes. En el indio
hecho de sueño y cobre. Y en el negro
revuelto en espumosa muchedumbre,
y en el ser petrolero y salitrero,
y en el terrible desamparo
de la banana, y en la gran pampa de las pieles,
y en el azúcar y en la sal y en los cafetos,
tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron,
vivo, como no te querían,
Che Comandante,
amigo.
Cuba te sabe de memoria. Rostro
de barbas que clarean. Y marfil
y aceituna en la piel de santo joven.
Firme la voz que ordena sin mandar,
que manda compañera, ordena amiga,
tierna y dura de jefe camarada.
Te vemos cada día ministro,
cada día soldado, cada día
gente llana y difícil
cada día.
Y puro como un niño
o como un hombre puro,
Che Comandante,
amigo.
Pasas en tu descolorido, roto, agujereado traje de campaña.
El de la selva, como antes
fue el de la Sierra. Semidesnudo
el poderoso pecho de fusil y palabra,
de ardiente vendaval y lenta rosa.
No hay descanso.
¡Salud, Guevara!
O mejor todavía desde el hondón americano:
Espéranos. Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante,

El tres de octubre de 1965 Fidel lee la carta de despedida del Che