La mañana del 26 de marzo de 1958 amaneció en la serranía de Monte Rus con el sigilo característico de la guerra. El entonces Comandante Raúl Castro Ruz, demostrando una pericia adquirida en las duras lecciones de la Sierra Maestra, decidió establecer la Primera Comandancia en medio de un cafetal conocido como El Aguacate.
La elección del sitio fue una jugada maestra. Ubicado a 30 kilómetros en línea recta de la ciudad de Guantánamo —la principal plaza enemiga— y a 27 de Sagua de Tánamo, el lugar era un emporio geográfico. Era un punto de confluencia entre zonas cafetaleras, mineras y valles azucareros, con una infraestructura natural que permitiría asentar y aprovisionar a las tropas. Pero Raúl no solo miraba el presente; miraba la historia.
En ese mismo escenario, durante la Guerra de los Diez Años, los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo habían establecido su base de operaciones durante la invasión a Guantánamo, un lugar que el Brigadier Arsenio Martínez Campos nunca pudo arrebatarles.
Con el peso de esa historia fundacional, en una casona perteneciente a una señora viuda de la región, se constituyó formalmente la comandancia.
Fue un día de fundaciones múltiples. Allí no solo se clavó la tienda de campaña del jefe rebelde; se tomaron dos decisiones que marcarían el rumbo del frente. Primero, la creación del Servicio de Inteligencia Rebelde, vital para conocer los pasos del enemigo. Segundo, el diseño de la Operación Omega, un plan de ataques coordinados para apoyar la Huelga General convocada para abril, que incluiría combates en Jamaica, Caimanera, el Reparto Caribe y el Central Soledad.
Esa misma jornada, Raúl Castro decidió delegar el mando de la flamante comandancia en su segundo al mando, el capitán Efigenio Ameijeiras Delgado, quien días después, el 4 de abril, sería ascendido a Comandante . Raúl, como estratega, continuaría moviéndose entre las cuatro comandancias del frente, pero El Aguacate quedaría grabado como la «Comandancia histórica».
El bastión no tardó en ser puesto a prueba. Poco después, el grueso de la ofensiva de la tiranía se lanzó contra este punto. Los generales de Batista suponían que allí estaba el núcleo de la rebelión. Columnas blindadas apoyadas por aviación intentaron cercar El Aguacate por el este, sur y oeste en una ofensiva que buscaba liquidar el frente . Pero como en tiempos de Maceo, el monte se defendió.
Las fuerzas rebeldes desplegaron una resistencia tenaz en Cabeza de Negro, Gurugú y La Tinaja, donde cayeron combatientes como Sixto Acosta y Tomás Eloy Méndez. Los tanques enemigos se empantanaron en el desfiladero de Paso de la Mariposa, minado por los rebeldes, y nunca lograron acercarse a menos de diez kilómetros de la comandancia. A finales de junio, el mando batistiano tuvo que retirarse derrotado.
A 68 años de aquella jornada de marzo, El Aguacate de Monte Rus no es solo un punto en el mapa del municipio de El Salvador. Es el símbolo de cómo la pericia histórica y el conocimiento del terreno se conjugaron para forjar uno de los pilares de la liberación en la región oriental. En medio de la manigua y el café, aquel 26 de marzo, comenzó a escribirse la leyenda de inexpugnabilidad del Segundo Frente Oriental «Frank País» .