Por estos días de celebración por la Jornada de la Cultura  en Guantánamo ocupó espacio la trigésima tercera temporada la compañía Danza Fragmentada, evento marcado por la remembranza de quienes contribuyeron a su historia, el trabajo de las generaciones actuales y el indisoluble vínculo de la compañía-escuela con la enseñanza artística.

La temporada “marca la huella de los que se fueron, de los que están y los que estarán”, dijo Edilberto Juárez Pérez, asesor teatral de la reconocida troupe. Para el especialista, formar a un bailarín es acompañarlo hasta que pueda emprender su propio vuelo, llevando consigo la impronta del lugar donde recibió su preparación.

La conmemoración reunió entre el 15 y 17 de octubre a las tres compañías representativas de la provincia: Danza Libre, Ballet Folklórico Babul, y Danza Fragmentada, anfitriona de un programa concierto presentado en su sede y en la Casa de la Cultura Rubén López Sabariego, plazas de la villa del Guaso que acogieron a los alumnos de la Escuela Profesional de Danza “Alfredo Velázquez Carcasés”, y al proyecto de teatro-danza Génesis, del municipio de Caimanera.

El sencillo festejo abarcó talleres de técnica folclórica y ballet, a cargo de los profesores César Reinier Simón Reyes y Yohanet Romero González, quienes impartieron sus lecciones con un alto nivel de sincronización y armonía entre los cuerpos de los bailarines, movimientos y expresión artística.

Las dos primeras jornadas tuvieron como principal escenario el Improntus del cuerpo, espacio habitual de Danza Fragmentada, donde se manifestaron las expresiones diversas como el neoclasicismo, la danza contemporánea, el folclore y los bailes populares recreadas en los estilos propios de cada agrupación invitada, así como las canciones interpretadas por el conjunto de canto y percusión de Fragmentada.

“Tú, mi regalo”, fue otra nota en el día de apertura que incluyó la iniciativa del grupo Amanecer, dirigido por el instrumentista Jesús Fernández Alonso, junto a estudiantes de la Escuela Profesional de Música Antonia Luisa Cabal y la cantante Yaneisi Oquendo, los que promovieron el conocimiento y la apreciación de las tradiciones campesinas cubanas.

En la Casa de la Cultura Rubén López Sabariego, el espectáculo infantil “Juegos y fantasía” puso cierre al 33 onomástico de la compañía de Danza Fragmentada, donde se exhibió el resultado de la labor comunitaria de los talleres de Creación Infanto-Juvenil Danza Fragmentada, escena compartida con los estudiantes de la Escuela Profesional de Danza, y los proyectos socioculturales Artesaneando con Yeny y Sonrisas del Futuro, vinculados al movimiento de artistas aficionados del territorio.

Sin embargo, durante los tres días de la temporada se echaron de menos las funciones en el teatro Guaso, cuyas tablas habrían permitido apreciar mejor la factura y la complejidad técnica de las producciones, aunque las compañías guantanameras no recurran a grandes artilugios escenográficos. También habría sido una oportunidad para disfrutar de estrenos o de representaciones únicas de coreografías que solo se han presentado una vez.

Esto no resta valor a los reencuentros con clásicos como Galería y Carlos y Blonde, presentados en el salón de Fragmentada y muy aplaudidos por los espectadores.

La inestabilidad de los elencos afectó el repertorio programado, al igual que no hubo presencia de otras compañías foráneas, influenciada por la limitación económica y financiera del país.

A pesar de estos desafíos, la dirección de Ladislao Navarro Tomasén, experimentado bailarín y coreógrafo con más de cuatro décadas de vida artística, continúa guiando a sus bailarines y sosteniendo espacios como “Improntus del cuerpo”, prueba de la vitalidad y resistencia de la danza en Guantánamo.