Guantanamo.- En el corazón del barrio rural Campanón, municipio El Salvador, la figura de Digna Rodríguez Álvarez se ha vuelto tan cotidiana como el amanecer. Delegada de la Circunscripción 7, esta mujer se ha convertido en el principal puente entre su Comunidad y el gobierno local, demostrando que la esencia del Poder Popular reside en el contacto directo y sincero con el pueblo.
Digna no es una delegada de escritorio. Su día a día transcurre recorriendo los caminos de tierra de Campanón, con la satisfacción de saber que sus electores no solo la conocen, sino que la respetan. «Ella conoce los problemas de su gente, intercambia con ellos y busca soluciones», aseguran vecinos que la ven pasar, siempre atenta a una queja o una sugerencia.
Lo que hace especial su labor es que asume las dificultades de la Comunidad como propias. Aunque en su hogar no tiene todos los problemas resueltos, Digna ha dejado claro que su gente es la prioridad. Esta entrega total es la que le ha ganado la confianza de una circunscripción que, en cada rendición de cuentas, reconoce en ella a una representante genuina.
Pero la historia de Digna Rodríguez Álvarez no termina en su gestión como delegada. Ya jubilada, tomó una decisión que habla de su amor por el servicio: se reincorporó al sector de la Cultura. Esta vuelta al trabajo, lejos de ser un simple empleo, es otra muestra de su compromiso con la Comunidad.
Su ejemplo refleja el papel fundamental de los delegados en el sistema cubano: ser la voz de la población y el vínculo directo con las Asambleas Municipales del Poder Popular. En Campanón, Digna encarna ese ideal, demostrando que la política local se construye con pasos firmes, diálogo constante y, sobre todo, con el corazón puesto en el prójimo.
Mientras el Sol se pone sobre las montañas del municipio El Salvador, Digna sigue caminando. Su misión no es otra que asegurarse de que ningún problema de su circunscripción quede sin ser escuchado. Porque para ella, ser delegada no es un cargo, es una forma de vida.