
Este 17 de septiembre se cumplen 68 años del asesinato de dos heroicas mujeres: Lidia Doce y Clodomira Ferrals. Hoy Cuba las recuerda y rinde homenaje a esas cubanas que prefirieron morir antes de decirles una sola palabra al enemigo.
Ellas eran humildes campesinas en aquellos años en que el Ejército Rebelde se enfrentaba a la tiranía de Fulgencio Batista y necesitaba de mensajeros en la Sierra Maestra, una labor asumidas por ellas con gran audacia, lo cual le permitió cumplir las misiones encomendadas por Fidel Castro y Ernesto Che Guevara.
Lidia en ese entonces ya tenía 40 años al producirse el desembarco del Yate Granma, en diciembre de 1956 y decidió incorporarse al Ejército Rebelde, desde donde cumplió las más arriesgadas misiones entre el llano y las montañas, condujo ejemplares del periódico guerrillero El Cubano Libre, medicinas y todo cuanto se le ordenó transportar.
Al trasladarse el Che y su columna a Vegas de Jibacoa, Lidia, que se encontraba bajo sus órdenes, fue designada jefa de su campamento auxiliar que contaba con 40 guerrilleros.
Por su parte, Clodomira era miembro del Movimiento 26 de Julio clandestino, fue una valerosa luchadora por la causa de la libertad de Cuba durante la guerra contra la dictadura de Fulgencio Batista y se incorporó en calidad de mensajera en la Columna No.1 del Primer Frente, con solo 20 años de edad se incorporó a las filas del Ejército Rebelde.
Ambas combatientes protagonizaron numerosas hazañas en la guerra, antes de coincidir en una delicada misión que las llevaría hasta La Habana, donde serían capturadas por una delación y la traición de un prisionero.
Lidia y Clodomira fueron arrastradas fuera del edificio donde se hospedaban y posteriormente llevadas a la 11na. Estación de Policía. Allí fueron brutalmente torturadas sin decir una palabra, sus cuerpos fueron metidos en sacos llenos de arena y piedras y arrojados al mar el 17 de septiembre de 1958.
Al referirse el Comandante en Jefe Fidel Castro de estas valerosas mujeres expresó: “Mujeres heroicas. Clodomira era una joven humilde, de una inteligencia y una valentía a toda prueba, junto con Lidia torturada y asesinada, pero sin que revelaran un solo secreto ni dijeran una sola palabra al enemigo”.
El Guerrillero Heroico al referirse a Lidia Doce dijo en una ocasión: “Conocí a Lidia apenas a unos seis meses de iniciada la gesta revolucionaria. Estaba recién estrenado como comandante de la cuarta columna y bajábamos, en una incursión relámpago, a buscar víveres al pueblecito de San Pablo de Yao, cerca de Bayamo en las estribaciones de la Sierra Maestra. Una de las primeras casas de la población pertenecía a una familia de panaderos. Lidia, mujer de unos cuarenta y cinco años, era uno de los dueños de la panadería. Desde el primer momento ella, cuyo único hijo había pertenecido a nuestra columna, se unió entusiastamente y con una devoción ejemplar a los trabajos de La Revolución”.
Hoy Cuba las recuerda por su entrega y altruismo.Su ejemplo sigue inspirando a los hombres y mujeres de esta nación que defiende su independencia.