Guantánamo.- En los campos de Cuba desde tiempo de antaño, el sonido del pilón se mezcla bien temprano en la mañana con el canto del los gallos y el aroma del café que invita al primer trago del día.
Junto al fogón de leña Juana Milagros Sibadié Soria, una mujer empoderada que a sus cincuenta y tres años de edad, mantiene viva una tradición aprendida de su abuela, en la comunidad rural de Guayacán, en el municipio El Salvador de la provincia Guantánamo.
Pequeña de estatura, pero gigante en el trabajo, Juana está hecha para los quehaceres del campo. Sin perder tiempo, comienza a menear los granos de café con la paleta de madera, para que no se quemen.
Esta sencilla mujer es buena interlocutora y responde cada pregunta, siempre con una sonrisa en los labios.
«Dice Juana que el secreto para tostar un buen café está en no dejar de moverlo y observarlo; cuando esté caneloso, es decir, cuando las semillas tomen un color marrón oscuro- _ confiesa, ahí se le echa el azúcar, luego lo viertes en un pedazo de yagua para que refresque y de ahí para el pilón».» No hay reloj que valga». «El oído,la vista y el olfato son los que mandan aquí».
En ese diálogo campechano, Juana explica algunos secretos para evitar el pasmo entre ellos «no tomar, ni bañarse con agua fría y otros propios de su abuela».
Pilón en mano comienza su tarea, mientras observa el agua azucarada que hierve en el caldero puesto sobre dos piedras y un pedazo de hierro.
En el fogón todo está listo para colar el rico café. Toma varias cucharadas del «negrito» como le llama; lo echa en el colador y ahí comienza la magia.
El olor atrae a varios vecinos, que llegan como de costumbre para degustar una taza de café.
Los primeros rayos del Sol comienzan a salir y con ellos una jornada intensa de labor junto a su esposo, quien es campesino. Me dice: «mira mis manos»_ «están así de trabajar». «Aquí hay muy poco tiempo para el descanso, debo ayudar en la finca y las tareas del hogar no esperan, pero todo sale».
Juana no solo conoce el secreto de tostar, pilar y colar un buen café, sino también que es la curandera de la Comunidad, sabe, quitar un empacho, un mal de ojo, hacer un té para diferentes dolores y hasta pomada ha confeccionado con pastillas para curar hongos en los pies.

Las manos de Juana son su instrumento más poderoso, junto a sus conocimientos que ya forman parte de la tradición de Guayacán Juana Milagros Sibadié Soria despide el día con el aroma del café y la misma sonrisa de la mañana.