
La Casa de Cultura Diómedes Silveira Valdés del municipio El Salvador se vistió de gala para acoger una velada única: la gala artístico-cultural “Fidel: eternamente joven”, dedicada al Centenario del Comandante en Jefe.
El recinto, testigo se convirtió en el escenario propicio para que las máximas autoridades políticas y gubernamentales del municipio compartieran con el pueblo y con un elenco artístico que puso el alma en cada interpretación.
El espectáculo comenzó con la voz de un declamador que recitó versos de la poesía rebelde, esos que Fidel llevó siempre en su mochila y en su discurso.
Pero pronto la palabra se hizo música: el changüí, ritmo ancestral de la zona oriental, retumbó en las paredes de la Casa de la Cultura, mientras la danza se apoderaba de los pies de los bailarines, creando un diálogo entre la tradición y la memoria viva.
Cada pieza, cada coreografía, fue un guiño al pensamiento del líder histórico de la Revolución.
“Fidel no se fue, se hizo canción”, y así lo confirmaron los Instructores de Arte de la Brigada José Martí.
Pero el milagro escénico no habría sido posible sin la magistral creatividad de los operadores de audio, que convirtieron cada transición en un viaje emocional, logrando que la poesía, el ritmo y el movimiento se fusionaran en un solo abrazo.
Y es que, como corearon los artistas en el número de cierre, “Fidel tendrá otros Centenarios porque sigue siendo un hombre que sueña”.
Fidel Castro Ruz no cumple cien años: los estrena. Porque la eternidad, cuando se construye desde el arte y la dignidad, no tiene calendario.



