El 24 de febrero de 1895 marca un hito crucial en la historia de Cuba, al simbolizar no solo un acto de resistencia, sino también la consolidación de un movimiento insurreccional que buscaba la emancipación de una nación oprimida. A través de la figura del entonces teniente coronel Pedro Agustín Pérez, más conocido como Periquito, y la participación activa de patriotas locales, este levantamiento se erige como un ejemplo paradigmático de la lucha por la libertad y la autodeterminación.

Ese día se reiniciaba en Cuba la última etapa de la guerra de los cubanos contra España. Constituía un poderoso movimiento alejado de la improvisación, y no hubiera podido lograrse sin el vasto plan de conspiración que se había extendido por la indómita provincia de Guantánamo desde 1890, caracterizado por la sagacidad de jefes y oficiales de las pasadas campañas independentistas y diversos factores morales que contribuyeron al reinicio de la guerra.

No resultaba casual que en Guantánamo la jefatura militar de la conspiración recayera desde 1890, por indicaciones de Antonio Maceo, en la figura de Pedro A. Pérez; y a propuesta de sus compañeros, a inicios de 1893, que asumiera la responsabilidad de subdelegado del Partido Revolucionario Cubano. Esta doble investidura, como jefe militar y líder político, un caso particular en Cuba, fue acogida con simpatías por los conspiradores y favoreció el incremento del número de los que se disponían a secundar los planes insurreccionales.

Especialmente fue notable la influencia que ejerció en los gremios de panaderos, tabaqueros y carretilleros, que habían surgido como una alternativa del incipiente movimiento obrero guantanamero frente a los desmanes de sus patrones. La labor de proselitismo se hizo extensiva a los campos y barrios rurales de la jurisdicción de Guantánamo, donde se concentraba un núcleo poblacional significativo vinculado a la industria azucarera.

El año 1893 fue decisivo para comprender la fortaleza del movimiento independentista en Guantánamo, particularmente cuando se produce la traición del teniente de las Escuadras de Voluntarios de Guantánamo, Manuel Cardet Grave de Peralta, quien se había comprometido a procurar armas, municiones y alzar una parte de la unidad bajo su mando.

Pero, mientras participaba en la organización de las operaciones que debían dar por resultado el triunfo revolucionario, simultáneamente Cardet realizaba actividades de inteligencia a favor de las armas españolas. De cada contacto, reunión o de la más insignificante información que recibía, automáticamente rendía un detallado informe al Comandante Militar de la villa y otro al Gobernador Provincial en Santiago de Cuba.

La traición fue descubierta, y ante el peligro de ser detenido, Pérez se internó en los montes de Matabajo y dirigió desde allí la conspiración hasta febrero de 1895. La denuncia provocó la detención de Guillermo Moncada y otros patriotas. Poco después, en mayo de 1894, arribó a Guantánamo, procedente de Costa Rica, Emilio Giró, comisionado de Antonio Maceo, con órdenes para Periquito de intensificar los preparativos para el estallido de la guerra, y que una vez rotas las hostilidades fueran atacados y destruidos los puestos militares costeros, entre la desembocadura de los ríos Sabanalamar y Baconao, área por donde existían probabilidades para un futuro desembarco de Maceo.

Evidentemente, había fracasado el intento de insurreccionar la región, pero el colonialismo no pudo desarticular la poderosa red conspirativa, que se mantuvo intacta gracias a la compartimentación de las informaciones. Sin embargo, el movimiento salió más fortalecido y estimuló el surgimiento de un núcleo revolucionario más preparado, que tuvo su clímax con la creación del Comité Revolucionario de Guantánamo, presidido por Periquito, para fortalecer la labor patriótica encubierta, cumplir las indicaciones de Martí, las órdenes de Maceo y las disposiciones de su jefe directo Guillermo Moncada.

Rafael Gutiérrez Fernández, en su obra Los héroes del 24 de febrero, reconocía que este movimiento tenía en Guantánamo su más formidable base de operaciones en el territorio oriental y el valor espiritual de sus más heroicos hijos. Ninguno de los otros términos municipales, tenía la organización que a Guantánamo se le había dado desde 1890; y ninguno tampoco podía contar con un factor miliciano, veteranos de las guerras pasadas, armados y preparados para abrazar la revolución, ni más entusiastas y dispuestos a encararse con el enemigo.

24 de Febrero de 1895

Después de recibir la indicación de Guillermón Moncada, el 17 de febrero de 1895, que notificaba la orden de José Martí y de Máximo Gómez de iniciar la Guerra Necesaria, Pedro A. Pérez, envió instrucciones a los jefes de los grupos locales a través de Luciano Peguero, Caridad Jaca e Inocencia Araujo. En la tarde del 24 de febrero de 1895, encabezados por Pedro A. Pérez, se reunieron 28 patriotas en la finca La Confianza, para firmar el acta redactada por Emilio Giró, en la cual dejaban registrada la decisión de iniciar la lucha armada y combatir al enemigo hasta alcanzar la independencia.

Además de La Confianza, en la región se desarrollaron otros levantamientos, entre ellos el de Boca de Jaibo, donde en la mañana del 24, Periquito se pronunció con sus familiares. En el ingenio Santa Cecilia se levantaron en armas Pedro Ramos y Enrique Brooks, quienes tomaron el poblado y se apoderaron de algunas armas y alimentos. Enrique Tudela, quien salió de la población días antes, al frente de un grupo de valientes atacó y tomó el fortín de Morrillo Chico, primera victoria militar de la nueva guerra. Prudencio Martínez Echevarría y Evaristo Lugo, a las 5 de la tarde, junto a varios comprometidos se reunieron en San Andrés del Vínculo y luego marcharon armados con revólveres hacia la zona de Maqueicillo; allí ocuparon armas y requisaron víveres indispensables para la supervivencia del pequeño contingente de alzados.

A las 6 de la tarde del 24 en los alrededores de su humilde casa en las afueras del poblado de Baitiquirí, junto a su numerosa familia, Luís González Pineda se pronunció por la independencia de Cuba. Inmediatamente después, el núcleo de mambíes, con algunas escopetas viejas, se internó en las lomas de la sierra de María Ana, al norte de Baitiquirí. Mientras estos acontecimientos tenían lugar, en el Yarey, partido de Yateras, los hermanos Araujo se pronunciaron por la independencia. Desde Tiguabos, partieron a la manigua un grupo de comprometidos bajo la dirección de Pablo Salomón.

En los días siguientes al 24 se incrementaron los enfrentamientos armados. El 25 fue tiroteado, desde los altos de San Justo, el cuartel de la Guardia Civil, y el 26 Pedro A. Pérez con su tropa sostuvo un encuentro con las fuerzas españolas que operaban bajo las órdenes del teniente Muñiz en la finca La Gloria. El 4 de marzo, en el combate de los Mamoncillos de Ullao, cayó herido Alfonso Toledano, que murió días después y resultó el primer mambí caído en combate en Guantánamo.

En resumen, los mambises guantanameros, encabezados por Pedro A. Pérez, cumplieron las órdenes de Martí, Gómez y Maceo, convirtiendo al territorio del Alto Oriente en un baluarte de la Guerra Necesaria. A pesar de la decisión de los cubanos incorporados al conflicto, un panorama sombrío amenazaba la revolución ante la ausencia de los jefes principales, sin embargo, los levantados en Oriente mantuvieron la guerra hasta su llegada.

Alrededor de este acontecimiento se han tejido polémicas que tienen como eje central la concesión de la primacía al poblado de Baire a la hora de iniciar la guerra, y en ese sentido la historiografía cubana y extranjera lo llamó Grito de Baire, denominación que inexplicablemente se mantiene hasta nuestros días. Guantánamo no se excluye de los intensos debates, incluyendo el criterio del poeta e historiador Regino Boti.

Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo en su obra Dos fechas históricas, reconocieron que “Hacer de Baire el centro principal del levantamiento sería desconocer que el 24 de febrero de 1895, como resultado de una sabia orientación de Martí, lo que tuvo lugar fue, aunque no en la escala prevista y necesitada del proyecto martiano, una insurrección simultánea”.

El periodista y oficial mambí Rafael Gutiérrez, en su obra citada, expresaba que “Estas afirmaciones rotundas, incontratables, […] no conducen más que a la anulación del mérito colectivo, y a mantener la ficción gloriosa en personalidades heroicas, que tienen glorias propias, indiscutibles, de las cuales ningún historiador honrado e imparcial podría despojarlos”.

Bajo estos principios, este acontecimiento debe entenderse como un resultado lógico de la labor revolucionaria y esencialmente organizativa que desplegó José Martí para asegurar el éxito de la guerra. Los combatientes guantanameros, vinculados estrechamente a este pensamiento, fueron capaces de articular un movimiento cualitativamente superior en materia de organización revolucionaria. Fue notable en esas condiciones la capacidad movilizativa de los cuadros revolucionarios clandestinos y de los jefes militares, que en cada una de las regiones donde operaban desarrollaron una actividad encomiable.

Como colofón de esta historia sirvan los versos encendidos del poeta guantanamero Regino E. Boti, intitulados Sonetos Fraternales al Hermano Mayor General Pedro A. Pérez.

I

Saliste a pie para volver en bronce,

que a tanto el giro de la gloria alcanza

cuando el ánimo heroico hace de gonce

a la puerta lustral de la esperanza.

 

Que nadie el lauro de la patria tronce

trasmutando el recuerdo en olvidanza,

porque se oirá de nuevo en este esconce

el grito redentor de La Confianza.

Tomado de Cubadebate