
Existen hombres en la historia patria cuyas vidas han de ser ejemplo y motivo de veneración eterna. Héroes cuyas historias deben ser contadas, para que no se olvide cuánto de valor y rebeldía hay en la sangre cubana, y no se deje mancillar nunca al estandarte tricolor de la Patria.
Hay hombres cuya vida está estrechamente atada al destino de su pueblo. Guillermo Moncada es uno de esos hombres a los que la historia renombra por su coraje y entrega. A él le tocó ser El caballero de la guerra, por las tantas páginas gloriosas que escribió a fuerza de machete.
Hijo de esclavo liberto, solo tuvo el apellido de la madre, María Dominga de la Trinidad Moncada. Encerrada tres veces en la prisión del Morro santiaguero porque nunca convenció a sus hijos de abandonar la lucha, como le pedían las autoridades españolas. De ella le vino la estirpe.
El niño Guillermo aprende a leer y escribir pronto, y se hace carpintero, para levantarse desde una pobreza espartana, y mambí, para cubrirse con el manto de la gloria. Pronto pierde lo de José Guillermo para llamarse Guillermón, bautizado así por sus compañeros de armas, debido a su estatura, fortaleza física y al gran coraje que demuestra en cada combate.
A decir de José Martí, Guillermón Moncada es ´´alto en todo´´, y así debe serlo quien entrega su vida a la causa independentista, sin otra recompensa que la inmortalidad ganada a sudor y machete.
El honor lo halla al extender la guerra a Guantánamo, testigo de sus más fabulosas hazañas; ágil y audaz en el manejo del machete; al oponerse al Pacto del Zanjón, para convertirse en uno de los hombres de la Protesta de Baraguá; y durante la Guerra Chiquita, cuando vuelve a las armas en la región oriental, contra todos los avatares que recoge la historia.
“Predestinado a ser guerrero, la naturaleza lo dotó de elementos físicos y mentales para la lucha: brazo largo, estatura gigantesca, ancha espalda, recios muslos, concepción rápida y carácter ejecutivo. Únase a eso las prendas morales que le adornaban, porque Guillermón representó la hidalguía, la nobleza, la caballerosidad, la rectitud´´, palabras de Regino Eladio Boti.
Los españoles intentan reducirlo en el combate, y los entreguistas de la pseudorrepública manchar su nombre llamando así al otrora Cuartel Moncada. Mas la historia, testigo y jueza, lo coloca en el altar reservado a los héroes, para que su nombre siga mezclado al sudor de otros tantos, con muchas batallas por librar.