
Hay un lugar
donde las nubes encuentran tus manos,
y las cascadas cantan el verano,
que se pule de sol y de sonrisas.
Hay un lugar
Todos dicen que es lejos, apartado,
pero lo dice aquel, que mal amado,
no supo ver la luz de su Farola
serpenteando el camino hacia las olas
azules, cuando claman por la arena,
no abrió un Tibaracón como una vena
para sangrear el río sobre el mar,
y nunca supo nada de quitar,
la envoltura de un Peter, o una pena.
Hay un lugar
Octava maravilla del Caribe
taína irreverente que aun consigue,
tener algún trasunto con la luna,
porque, aunque no lo creas su fortuna
también está en su pueblo al caminar.
Ese lugar
Por donde cuela el paso de los vientos,
la melodía de un nengón, y el espaviento
del huracán que pretendió y no pudo,
quitarle voluntad a sus montañas,
porque naturaleza con sus mañas,
de costurera verde pespunteaba
cada hierba encima de su amada,
tierra india, arahuaca; y polimitas
salieron extendidas de las ramas,
y entonces, arquitecta la mañana,
tiñó de rojo el techo de las casas,
del mismo modo se hizo una coraza,
de fuerza y resiliencia baracoanas
Ese lugar
Inoculado dentro de mi piel
ni, aunque me bañe todo el río Miel
lavará este deseo de amar
que me brota de ti, de verte andar,
Hocico que respira por mi pecho,
capital de mi alma por derecho,
hincada te prometo frente al Toa
que sólo soy de ti, Mi Baracoa.
Texto: Gipsie Garrido Domínguez