Guantánamo – Quien recorre las serranías del guantanamero municipio de El Salvador sabe que, en el horizonte, además de las montañas, siempre aparece una guitarra, un pincel o el compás de un bailador de changüí. No es casualidad, es el oficio diario de los Instructores de Arte, esos “médicos del alma”, como los bautizó Fidel Castro, que este 18 de febrero celebraron su día con la misma filosofía con la que multiplican la Cultura en cada Taller de Creación, Institución Educativa y rincón de la comunidad.

La labor de estos profesionales trasciende la enseñanza técnica. En un punto del municipio, las manos de niños y abuelos se unen moldeando barro o delineando trazos en un taller de artes plásticas. Más allá, el repiqueteo de cajas y el son del tres guajiro anuncian que la tradición musical no se pierde, se hereda.

Un ejemplo vivo de esta entrega es Lizandra Hodelin Correa Instructora de Arte en la especialidad de danza. Esta joven siente el baile en la venas y desde su Comunidad de Banito seis, mantiene vivo su Proyecto Comunitario Estrellas Danzantes, integrado por niñas y adolescentes que hacen de la Danza una forma de expresión cultural mezclada con identidad y tradición.

El huracán Melissa dejó huellas profundas en todo el territorio, que era necesario sanar con el arte. En esos parajes rurales del la geografía salvadoreña este ejército de artistas no solo aportó su mano de obra para rescatar hogares e instituciones, sino que, una vez pasado el peligro, activaron el Proyecto Sociocultural «Ruta de amor» para llevar música, color y alegría a quienes lo habían perdido casi todo, demostrando que la Cultura es también una herramienta de resiliencia, un bálsamo para levantar el espíritu comunitario.

En las escuelas, los niños participan en talleres de creación que son, a la vez, juego y aprendizaje. En las Casas de Cultura y en los parques, la familia se suma a los Talleres Comunitarias. Los Instructores, lejos de ser los protagonistas exclusivos de la jornada, se convierten en los facilitadores para que el talento oculto de un niño o la sabiduría de un adulto mayor salgan a flote.