El Día Mundial de la Justicia Internacional nos convoca a reflexionar sobre los principios que rigen las relaciones entre los Estados y la vigencia de un orden global basado en normas compartidas.

Sin embargo, la fecha adquiere una resonancia particularmente amarga cuando se examina la realidad de Cuba, sometida por más de seis décadas a un bloqueo económico, comercial y financiero que la propia comunidad internacional califica como una violación del Derecho Internacional y de la Carta de la Organización de Naciones Unidas.

En el día de esta conmemoración, la administración estadounidense ofrece un recordatorio desalentador de la naturaleza de su política hacia el archipiélago cubano. Nuevas sanciones contra el Ministerio de Turismo, entidades energéticas y del comercio exterior no son más que el último capítulo de una estrategia de asfixia que recrudecen a grandes niveles.

Esta presión máxima, que el presidente cubano ha calificado de «plan genocida», busca estrangular la economía y doblegar a una población entera.

El cerco energético se convierte en el eje de la agresión, configurando, en la práctica, un bloqueo naval que el gobierno cubano denuncia como un «acto de guerra». La obstaculización de la llegada de combustible y suministros humanitarios es un castigo colectivo que vulnera flagrantemente el Derecho Internacional Humanitario.

El pasado 7 de julio, la Asamblea General de la ONU aprobó celebrar un debate urgente solicitado por Cuba, con el respaldo de 136 países, para analizar las agresiones de Washington, incluyendo el recrudecimiento del bloqueo y el cerco energético.

Este apoyo mayoritario evidencia una vez más, el rechazo global a las medidas coercitivas unilaterales y la extraterritorialidad con que se aplican, afectando no solo a Cuba, sino a la soberanía de terceros Estados y al orden financiero internacional.

En este Día Mundial de la Justicia Internacional mucho deja que decir el gobierno norteamericano con su discurso arrogante y agresivo, empleando todo tipo de recursos y políticas diseñadas para socavar los derechos de toda una nación.

El bloqueo a Cuba, condenado año tras año por la inmensa mayoría de los países, se erige como un recordatorio de que el camino hacia una justicia internacional plena y efectiva aún es largo, y que los principios del respeto a la soberanía y la no injerencia siguen siendo vulnerados sin importar los daños causados a niños, jóvenes, ancianos, en fin, a la familia cubana.